El robo de credenciales sigue siendo una de las principales puertas de entrada para los ciberdelincuentes en un entorno digital donde las contraseñas, pese a sus limitaciones, continúan como método predominante de autenticación. Aunque en la industria de la ciberseguridad se habla con frecuencia del “fin de las contraseñas”, la realidad es distinta: hoy siguen siendo la base de acceso a la mayoría de sistemas, plataformas y servicios utilizados por personas y organizaciones.
De acuerdo con KnowBe4, compañía global especializada en gestión del riesgo humano en ciberseguridad, el robo de credenciales representa aproximadamente el 38 % de la información expuesta en incidentes de seguridad analizados, con especial impacto en sectores críticos. Esto ocurre incluso en entornos donde ya se aplican esquemas de autenticación multifactor, ya que la contraseña continúa siendo el primer eslabón vulnerable que los atacantes intentan comprometer para ingresar a sistemas corporativos.
Para expertos de la firma, el avance de la inteligencia artificial ha elevado la sofisticación de los ataques, haciendo más difícil distinguir entre comunicaciones legítimas y fraudulentas. En este escenario, la concienciación del usuario se convierte en un componente central de la protección digital. Las organizaciones requieren combinar políticas claras, tecnologías de protección y procesos constantes de formación para reducir el riesgo asociado al factor humano, que sigue siendo determinante en la seguridad.
Las contraseñas pueden verse comprometidas de múltiples maneras. Entre ellas se encuentran el robo directo de credenciales, la explotación de mecanismos débiles de restablecimiento de contraseñas y el aprovechamiento de errores de configuración o vulnerabilidades técnicas en infraestructuras corporativas. Sin embargo, la ingeniería social continúa siendo el método más eficaz, pues apela a la confianza, la urgencia o la rutina de los usuarios para que revelen voluntariamente su información de acceso.
Los ataques de phishing destacan como la técnica más utilizada. Correos electrónicos y sitios web falsos, cada vez más convincentes, inducen a los usuarios a entregar sus datos, independientemente de la complejidad de la contraseña. Datos de KnowBe4 muestran que, en simulaciones corporativas, los mensajes relacionados con temas internos —como remuneración, cambios de políticas o comunicaciones institucionales— registran los mayores niveles de interacción, especialmente cuando se asocian a áreas como Recursos Humanos.
Las credenciales también pueden ser expuestas cuando se ingresan contraseñas en lugares públicos bajo la mirada de terceros, mediante dispositivos infectados con malware o tras filtraciones de bases de datos que luego circulan en mercados ilegales. Estos escenarios evidencian que la protección no depende únicamente de la fortaleza técnica de la clave, sino también del contexto de uso, el comportamiento del usuario y la seguridad del entorno digital.
Ante este panorama, la recomendación es adoptar prácticas más seguras de forma cotidiana. El uso de autenticación multifactor añade una capa adicional de protección, mientras que las contraseñas largas, preferiblemente de más de doce caracteres, reducen la probabilidad de éxito en ataques automatizados. Evitar información personal, secuencias previsibles y reutilización de claves entre distintos servicios también es esencial para limitar el alcance de un posible incidente.
KnowBe4 subraya además la importancia de las frases de contraseña, combinaciones de palabras aleatorias que resultan más difíciles de adivinar, y de mantener una actitud crítica frente a enlaces, mensajes o solicitudes inesperadas. Mientras las contraseñas sigan siendo parte central del ecosistema digital, comprender cómo operan los atacantes, reforzar la cultura de seguridad y aplicar modelos más robustos como Zero Trust serán pasos clave para proteger datos personales y corporativos.
