La Policía Nacional de Colombia conmemoró el Día del Estudiante Policial con un acto solemne de memoria y dignificación, en el que ascendió póstumamente al grado de tenientes a 22 estudiantes fallecidos en los hechos del 17 de enero de 2019. La ceremonia, cargada de respeto y simbolismo, reafirmó el compromiso institucional con la verdad, la memoria y la reparación moral. En este espacio, la institución rindió homenaje a la vocación de servicio, al amor por la patria y al sacrificio de quienes soñaban con proteger la vida y la convivencia ciudadana, dejando una huella imborrable en la historia policial.
El ascenso póstumo se realizó en cumplimiento del Decreto 1202 del 14 de noviembre de 2025, mediante el cual el Gobierno Nacional dispuso este reconocimiento como un acto de memoria histórica. La decisión reconoce la entrega, la disciplina y el compromiso de los estudiantes, y constituye una expresión de reparación simbólica asumida por el Estado. Para la institución, este ascenso no solo dignifica sus nombres, sino que reafirma que su legado permanece vivo en la doctrina policial, en la formación ética y en el servicio cotidiano de quienes hoy portan el uniforme con responsabilidad y honor.
Durante la ceremonia, el director general de la Policía Nacional, William Oswaldo Rincón Zambrano, expresó palabras de profundo respeto y humanidad hacia las familias. Señaló que ninguna condecoración puede compensar la pérdida de un hijo, pero reafirmó un compromiso eterno: no olvidar, honrar su memoria y trabajar por una reparación moral permanente. Su mensaje recordó que cada vida truncada representa una herida colectiva y que la institución asume la responsabilidad histórica de convertir el dolor en memoria activa, ética y transformadora para la sociedad colombiana.
De manera complementaria, la Policía Nacional otorgó póstumamente la Medalla al Valor por actos excepcionales del servicio a los 22 tenientes. Esta condecoración fue recibida por sus familias como un símbolo de reconocimiento a la valentía, el sacrificio y la vocación inquebrantable de servicio. Más allá del acto protocolario, la medalla representa la permanencia de su ejemplo y la gratitud institucional por haber elegido el camino del servicio público, aun cuando su proyecto de vida fue interrumpido de manera violenta e injusta.
El homenaje se realizó en las instalaciones de la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, escenario donde los estudiantes forjaron sus sueños de servir al país. Allí se evocaron los valores que los caracterizaron: valentía, lealtad, disciplina y compromiso con la legalidad. Sus nombres fueron recordados como símbolos de entrega y continúan inspirando a las nuevas generaciones de policías que hoy se forman con la convicción de proteger la vida, la dignidad humana y la convivencia ciudadana.
En el marco del acto, el monumento “Ventanas a la Eternidad” reafirmó su significado como espacio de memoria y reflexión. Esta obra, ubicada en el lugar de los hechos, simboliza la conexión entre Dios y el ser humano, sostenida sobre los pilares de la vocación policial: Dios, patria y familia policial. El monumento se consolida como un recordatorio permanente del sacrificio asumido y como un llamado ético a rechazar toda forma de violencia que atente contra la vida y la institucionalidad.
La ceremonia también exaltó la dignidad como principio esencial del servicio policial y como eje de los procesos de memoria institucional. Una dignidad que orienta la formación integral, el respeto por los derechos fundamentales y el actuar transparente de cada uniformado. Desde esta perspectiva, la memoria no es solo un ejercicio conmemorativo, sino una herramienta para fortalecer una institución más humana, cercana a la ciudadanía y comprometida con la protección de la vida en todos los territorios del país.
Finalmente, la Policía Nacional reiteró su acompañamiento permanente a las familias de los 22 estudiantes homenajeados, reconociendo que ningún acto institucional puede mitigar su dolor. No obstante, reafirmó que su legado vive en la formación policial, en la doctrina y en el compromiso diario de construir un país más justo y en paz. El sacrificio de estos jóvenes convoca a fortalecer la vocación de servicio, la legalidad y la memoria colectiva como caminos para una Colombia que honre la vida.
