Ni humanos ni inteligencia artificial: por qué la ciberseguridad exige trabajo en equipo


La ciberseguridad entra en 2026 con una certeza incómoda: ni la inteligencia artificial ni los humanos pueden enfrentar solos las amenazas digitales. Así lo confirma el Cybersecurity Outlook Report 2026 de Kaseya, que advierte sobre una combinación peligrosa de errores humanos, dependencia excesiva de la tecnología y culturas de seguridad fragmentadas. El dato más revelador es contundente: solo el 12 % de las empresas confía plenamente en que la IA actúe de forma autónoma. El resto sabe que delegar sin supervisión es un riesgo. La ciberseguridad ya no es solo técnica. Es humana, cultural y estratégica.

El informe revela que el phishing sigue siendo la amenaza más dañina y persistente. Un 56 % de las empresas ha sido afectado por este tipo de ataque y casi la mitad sufrió incidentes solo en el último año. Pese a los avances tecnológicos, el engaño sigue entrando por el correo, el mensaje o el clic equivocado. La sofisticación de los ataques crece. Pero también lo hace la creatividad del delito. El eslabón más débil continúa siendo el usuario. Y ahí, ninguna IA puede reemplazar el criterio humano.

Las consecuencias ya no son menores. El 37 % de las empresas encuestadas afirma haber sufrido al menos un día completo de inactividad tras un incidente cibernético. Solo el 21 % logró evitar interrupciones operativas, una cifra incluso menor a la de 2024. Más grave aún: cerca del 20 % reportó pérdidas superiores a los 100.000 dólares. Los ataques digitales dejaron de ser molestias técnicas. Hoy paralizan negocios, afectan reputaciones y comprometen ingresos. El riesgo es real. Y creciente.

Paradójicamente, el mayor enemigo sigue siendo interno. El error humano, producto de malas prácticas y formación insuficiente, es señalado como la principal vulnerabilidad para los próximos 12 meses. Aunque el 76 % de las empresas realiza pruebas de penetración anuales, casi una de cada cuatro no las hace de forma sistemática o simplemente las omite. La seguridad se planea, pero no siempre se ejecuta. Y cuando falla, el impacto es inmediato. La tecnología sin disciplina no protege.

La cultura de concienciación sobre seguridad muestra fisuras evidentes. Un tercio de las empresas ofrece formación solo una vez al año o menos. Si bien el 86 % incluye simulaciones de phishing, la baja frecuencia revela una falta de hábitos sólidos. La seguridad no se aprende en una charla anual. Se construye con repetición, práctica y refuerzo constante. En este escenario, los proveedores de servicios gestionados (MSPs) que logren crear programas continuos marcarán la diferencia. La cultura también compite.

La adopción de la inteligencia artificial avanza, pero con cautela. Más del 80 % de los encuestados considera indispensable la supervisión humana. Solo un poco más del 10 % confía plenamente en la IA autónoma. Las principales preocupaciones giran en torno a la precisión —falsos positivos o negativos—, la privacidad de los datos y el costo. La IA es poderosa, pero no infalible. Sin contexto humano, puede equivocarse. Y en ciberseguridad, equivocarse cuesta caro.

El panorama operativo refleja una búsqueda de equilibrio. El 59 % de las empresas confía en equipos internos de TI, pero cerca del 30 % opta por modelos de gestión compartida con MSP o MSSP. Un 6 % externaliza por completo su función tecnológica. No existe una fórmula única. Cada organización busca combinar control interno con experiencia externa. La ciberseguridad ya no es un departamento aislado. Es un ecosistema colaborativo.

El mensaje es claro: la defensa digital no puede recaer en una sola capa. Ni la IA por sí sola, ni los humanos sin apoyo tecnológico son suficientes. La seguridad efectiva surge de la integración: tecnología avanzada, supervisión humana, formación continua y cultura organizacional sólida. En 2026, protegerse no es solo invertir en software. Es cambiar hábitos. Porque en el mundo digital, la verdadera fortaleza está en el trabajo conjunto.

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