En el Ateneo Español de México, la cultura no se conserva como una reliquia inmóvil, sino como un diálogo activo entre memoria y presente que sigue produciendo sentido. Cada encuentro es una conversación viva que cruza fronteras, disciplinas y generaciones, recordando que el exilio español no fue solo un episodio histórico, sino una fuerza creadora que transformó la vida intelectual y artística del país. En enero, la programación abre espacios para volver a esas raíces desde la reflexión académica y la música, entendidas no como nostalgia, sino como herramientas de pensamiento, creación y arraigo cultural compartido contemporáneo plural y necesario.
El exilio español dejó en México una herencia que se manifiesta en instituciones, saberes y prácticas que aún hoy dialogan con el presente. Científicos, artistas y pensadores encontraron en este país un territorio para continuar su trabajo, sembrando ideas que transformaron universidades, centros de investigación y espacios culturales. Recordar esa historia no implica mirar atrás con melancolía, sino reconocer cómo esos aportes siguen influyendo en la manera en que se produce conocimiento y se entiende la cultura. Cada conferencia propuesta se convierte así en un puente que conecta pasado y presente, experiencia y reflexión, memoria y creación viva.
Uno de estos encuentros pone el foco en el papel de los científicos del exilio español en el Instituto Politécnico Nacional, una institución clave en la formación técnica y científica de México. La conferencia invita a explorar cómo estos profesionales aportaron métodos, enfoques y visiones que ayudaron a consolidar una comunidad académica comprometida con el desarrollo del país. Más allá de los datos históricos, el diálogo busca comprender el impacto humano e intelectual de ese proceso, mostrando cómo el conocimiento también migra, se adapta y florece en nuevos contextos cuando encuentra condiciones de acogida y libertad.
La charla, presentada por Francisco Javier Dosil Mancilla, propone una mirada rigurosa y sensible sobre esa herencia científica. Su aproximación permite entender el exilio no solo como una circunstancia política, sino como un fenómeno cultural que reconfiguró redes de saber y colaboración. En este ejercicio de memoria, la ciencia aparece como un lenguaje común capaz de tender puentes entre países y generaciones, reafirmando que la investigación y la educación son también formas de resistencia y construcción colectiva frente a la ruptura y el desarraigo forzado.
El segundo encuentro se adentra en el terreno musical, abordando la influencia de Rodolfo Halffter en el Conservatorio Nacional de Música. La música se presenta aquí como un espacio donde el exilio se transforma en creación sonora y pedagogía. Halffter no solo dejó obras fundamentales, sino que contribuyó a la formación de generaciones de músicos, integrando tradiciones europeas y sensibilidades locales en un diálogo que enriqueció el panorama musical mexicano durante décadas.
La conversación, con la participación de Gladys Zamora Pineda, Juan Luis Bonilla Ruis e Israel Cruz Olalde, permite entender cómo esa influencia se proyecta más allá de la figura individual. A través de distintas miradas, se reconstruye un legado que atraviesa aulas, partituras y escenarios, mostrando que la música también es un archivo vivo donde se inscriben historias de desplazamiento, encuentro y transformación cultural profunda y sostenida en el tiempo.
Ambas actividades, de entrada libre y con transmisión en vivo, refuerzan la idea de la cultura como un bien compartido y accesible. El apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales subraya la importancia de sostener estos espacios de reflexión pública, donde la memoria no se clausura en el pasado, sino que se activa en el presente. En un mundo marcado por nuevas migraciones y tensiones, estos diálogos ofrecen claves para pensar la convivencia, el intercambio y la creación desde una perspectiva histórica y humana.
En conjunto, estas jornadas confirman que el Ateneo Español de México sigue siendo un lugar donde la memoria se convierte en acción cultural. Al reunir ciencia, música e historia, la programación de enero invita a reconocer que el exilio no solo dejó heridas, sino también semillas de conocimiento y sensibilidad que siguen dando frutos. Recordar, dialogar y crear aparecen así como gestos inseparables, capaces de construir puentes duraderos entre generaciones, territorios y disciplinas, manteniendo viva una herencia que aún interpela y transforma.
