6 tendencias que marcarán el delivery y la última milla para 2026

 


El delivery y la logística de última milla entran en 2026 como uno de los frentes más estratégicos para la economía colombiana. En el país se gestiona una nueva entrega cada cinco segundos, una cifra que refleja la presión constante sobre operadores, comercios y ciudades. En este contexto, la eficiencia dejó de ser solo una ventaja competitiva para convertirse en una condición de supervivencia. Para DispatchTrack, el próximo año marcará un punto de inflexión, donde tecnología, sostenibilidad y colaboración redefinirán la forma en que se entrega valor al cliente final en toda América Latina.


Las cifras recientes evidencian la magnitud del cambio. De acuerdo con datos de DispatchTrack, en 2025 Colombia registró más de 101 millones de kilómetros recorridos en operaciones de última milla, un crecimiento superior al 212% frente a 2024. A esto se suman más de un millón de rutas iniciadas, con un aumento del 73%. Estos números no solo reflejan expansión, sino también mayores exigencias en trazabilidad, control de costos y experiencia del usuario. Para 2026, el desafío no será crecer más, sino crecer mejor, con operaciones más inteligentes, sostenibles y coordinadas entre múltiples actores del ecosistema logístico.


La primera gran tendencia será la consolidación de operaciones colaborativas y optimizadas. Plataformas que permiten compartir rutas, capacidades y flotas entre distribuidores y retailers comenzarán a ser más comunes. Este modelo busca reducir recorridos redundantes, mejorar la ocupación de los vehículos y disminuir costos operativos. En mercados urbanos congestionados, la colaboración dejará de verse como una excepción y pasará a ser una estrategia clave para cumplir promesas de entrega más rápidas, estables y rentables, sin aumentar la presión sobre la infraestructura vial ni los tiempos de los repartidores.


La infraestructura de proximidad será otro eje central. Para responder a la demanda de entregas cada vez más rápidas, se fortalecerán los microcentros de distribución ubicados cerca de zonas de alta densidad poblacional. Estos espacios permitirán acortar distancias, reducir tiempos y optimizar inventarios, especialmente en ciudades grandes e intermedias. En 2026, la última milla ya no dependerá únicamente de grandes centros logísticos periféricos, sino de una red distribuida y flexible que acerque los productos al consumidor final con mayor eficiencia operativa y menor impacto urbano.


La logística inteligente impulsada por tecnología marcará una diferencia definitiva. El uso de inteligencia artificial, machine learning y automatización permitirá optimizar rutas en tiempo real, predecir la demanda, asignar cargas de manera más precisa y reducir errores humanos. Estas herramientas dejarán de ser exclusivas de grandes empresas para convertirse en estándares del sector. Según Carlos Díaz Ojeda, Director General para América Latina de DispatchTrack, la tecnología será el soporte clave para anticipar escenarios, mejorar la toma de decisiones y garantizar operaciones más confiables en contextos cada vez más complejos.


Otra tendencia relevante será la consolidación de modelos de entrega flexibles y centrados en el cliente. Ventanas de entrega personalizadas, opciones de recogida en lockers, notificaciones proactivas y seguimiento en tiempo real serán parte de la expectativa básica del consumidor. En 2026, la experiencia del usuario definirá la lealtad a una marca tanto como el producto mismo. La transparencia y la capacidad de adaptación a los horarios y preferencias del cliente dejarán de ser un valor agregado para convertirse en un requisito indispensable.


La llamada “última milla verde” pasará de ser una promesa a un estándar operativo. El uso de vehículos eléctricos, bicicletas y motocicletas eléctricas en zonas urbanas crecerá, acompañado de rutas optimizadas para reducir emisiones y de empaques más sostenibles. La presión regulatoria, sumada a la conciencia ambiental de los consumidores, empujará a las empresas a medir y reducir su huella de carbono. En 2026, la sostenibilidad será un factor decisivo tanto para la reputación como para la competitividad de los operadores logísticos.


Finalmente, la logística inversa ganará un rol estratégico. Con el auge del comercio electrónico, las devoluciones ya no pueden gestionarse como un costo inevitable. En 2026, la logística inversa se integrará a la experiencia del cliente, con procesos ágiles, trazables y eficientes. Gestionar bien una devolución será tan importante como entregar a tiempo. Para DispatchTrack, este conjunto de tendencias confirma que el futuro de la última milla no se juega solo en velocidad, sino en eficiencia, tecnología, sostenibilidad y confianza.

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