Las vacaciones suelen dejar recuerdos, fotos y descanso, pero también marcas invisibles en la piel. Especialistas del Hospital Infantil Universitario de San José advierten que el periodo posterior a fin de año se ha convertido en una etapa crítica para la salud cutánea, debido a la combinación de exposición solar prolongada, descuido del cuidado diario, cambios en la rutina y excesos alimentarios y de alcohol. El problema no siempre aparece de inmediato. Muchas veces se manifiesta semanas después, cuando el daño ya está instalado.
Manchas, brotes de acné, resequedad extrema, dermatitis, caída del cabello y envejecimiento prematuro encabezan la lista de consultas dermatológicas tras el regreso a la rutina. Son efectos acumulativos que la piel “cobra” con el tiempo. El sol, el cloro, la sal del mar y la falta de hidratación alteran la barrera cutánea, debilitándola y haciéndola más vulnerable a lesiones y procesos inflamatorios persistentes.
“El error más frecuente es creer que el protector solar es de una sola aplicación”, explica el David Reyes, dermatólogo del Hospital. Según el especialista, después de vacaciones es común ver un empeoramiento notable del melasma y otras hiperpigmentaciones, producto de una protección solar insuficiente o mal aplicada, sumada a la suspensión de tratamientos dermatológicos durante varios días o semanas.
El problema se agrava con hábitos aparentemente inofensivos. Manipular cítricos como el limón bajo el sol, trasnochar, usar múltiples productos sin una correcta limpieza facial o aumentar el consumo de azúcares y alcohol favorece procesos inflamatorios que luego se traducen en manchas difíciles de tratar. “En piscina o mar, el protector debería reaplicarse incluso cada hora”, insiste el especialista, subrayando que la radiación UV no da tregua.
Uno de los mayores riesgos es que muchos de estos daños avanzan en silencio. Cambios en lunares, nuevas manchas, lesiones solares o alteraciones en la textura de la piel suelen pasar desapercibidas, retrasando el diagnóstico. “Si un lunar cambia de color, forma o tamaño, o aparece una mancha nueva que no desaparece, es una señal de alerta”, advierte Reyes, recordando que algunas cicatrices y lesiones pueden ser permanentes si no se tratan a tiempo.
Más allá de lo estético, la acumulación de radiación ultravioleta incrementa el riesgo de lesiones precancerosas y cáncer de piel, como el carcinoma basocelular y escamocelular. “Todos se van de vacaciones, pero la piel no”, resume el dermatólogo, quien insiste en que el daño solar acumulado a lo largo de los años es uno de los principales factores de riesgo oncológico en consulta.
Los especialistas también alertan sobre afecciones menos conocidas pero frecuentes tras viajes a zonas naturales. Caminar descalzo en ríos o playas puede derivar en larva migrans, un parásito que se manifiesta como una línea serpenteante bajo la piel y produce intensa picazón. “Ante cualquier lesión de este tipo, se debe consultar de inmediato”, enfatiza el equipo médico.
El regreso de vacaciones es, en realidad, una oportunidad. Retomar una rutina de cuidado adecuada, reaplicar correctamente el protector solar, hidratar la piel, evitar excesos y acudir a una valoración dermatológica permite reparar daños, prevenir complicaciones y detectar alteraciones a tiempo. Porque los verdaderos efectos del descanso no siempre están en la memoria: muchas veces quedan, silenciosos, en la piel.
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Salud
