El comercio colombiano atraviesa una etapa de expansión acelerada, impulsada por mayores niveles de consumo y la consolidación de los canales digitales. Sin embargo, el principal desafío ya no está en vender más, sino en cumplir con un entramado regulatorio cada vez más complejo. La velocidad del mercado supera la capacidad de muchos negocios para adaptarse a exigencias legales, ambientales y de etiquetado que acompañan el crecimiento.
Según cifras del DANE, en 2025 las ventas reales del comercio minorista crecieron 11,8 %, con un fuerte impulso del comercio electrónico. Esta expansión obligó a las empresas a ampliar catálogos y operar en múltiples canales, pero también a enfrentar regulaciones que varían según producto, categoría o país de origen. Un ajuste normativo que antes tomaba días hoy puede traducirse en semanas de trabajo manual.
Este es el lado menos visible del retail moderno. Cada referencia debe cumplir normas de seguridad, responsabilidad, etiquetado y sostenibilidad. Cuando se gestionan miles o millones de productos, cualquier cambio regulatorio implica revisar bases de datos, actualizar fichas técnicas y validar información. Los procesos manuales aumentan el riesgo de errores, inconsistencias y reprocesos que afectan tiempos de salida al mercado.
Desde EPAM Systems, firma global especializada en transformación digital, señalan que este fenómeno no es exclusivo de Colombia. En mercados más maduros, grandes cadenas han visto ralentizada su operación por la gestión manual de requisitos normativos. La complejidad crece cuando las reglas cambian entre países o categorías, lo que obliga a reconfigurar procesos internos con frecuencia.
Frente a este escenario, muchas compañías están incorporando inteligencia artificial y modelos de machine learning. Estas tecnologías permiten automatizar la clasificación de productos y la asignación de etiquetas regulatorias, analizando atributos, descripciones y categorías con mayor velocidad que los métodos tradicionales. El objetivo es reducir tiempos y aumentar consistencia sin depender exclusivamente de revisiones manuales.
No se trata de reemplazar la supervisión humana, sino de complementarla. Los sistemas avanzados pueden detectar niveles de baja certeza y activar revisiones manuales, además de mantener trazabilidad de los cambios, un elemento clave para auditorías. Esta combinación permite equilibrar eficiencia operativa y control, minimizando riesgos legales y reputacionales.
Otra ventaja relevante es la capacidad de respuesta ante cambios normativos. En lugar de rediseñar procesos cada vez que surge una nueva exigencia, los comercios pueden ajustar reglas en tiempo real y reutilizar modelos para regulaciones similares en distintos mercados. Esta flexibilidad es esencial para categorías como tecnología, telecomunicaciones y bienes durables, donde la regulación evoluciona constantemente.
De cara a 2026, la expansión eficiente dependerá de la capacidad de integrar tecnología que absorba la complejidad regulatoria sin frenar el negocio. Para EPAM, la inteligencia artificial ofrece escalabilidad, precisión y aprendizaje continuo. Los comercios que inviertan en estas herramientas podrán sostener su crecimiento, cumplir normativas y mantener la confianza del consumidor en un entorno cada vez más exigente.
