El regreso a clases en Colombia confirma un cambio profundo en la forma en que niños y niñas aprenden y se relacionan con el conocimiento. Hoy, la vida escolar ocurre en gran parte a través de pantallas, plataformas y entornos digitales que ya no son complemento, sino eje central del aprendizaje. Estudiar en línea dejó de ser una excepción y se convirtió en rutina. Este escenario transforma dinámicas familiares, hábitos diarios y responsabilidades compartidas entre colegios y hogares, abriendo oportunidades educativas, pero también nuevos desafíos que exigen atención consciente y acompañamiento constante de los adultos.
Las cifras dimensionan el alcance del fenómeno. Un estudio reciente de Kaspersky revela que el 71 % de los niños en Colombia pasa más tiempo estudiando en línea que jugando, un indicador claro de cómo Internet se integró a su vida escolar. Además, el 37 % utiliza aplicaciones de mensajería para comunicarse con compañeros y el 41 % incrementó su uso de redes sociales, incluso en contextos donde existen restricciones de dispositivos dentro de las instituciones educativas. El aula ya no termina al sonar el timbre.
Fuera del colegio, las pantallas siguen ocupando un lugar central. Al llegar a casa, muchos niños continúan conectados para hacer tareas, investigar, ver contenidos o interactuar con amigos. Esta continuidad digital amplía el tiempo de exposición y vuelve indispensable la orientación familiar. La tecnología ofrece acceso a información, creatividad y colaboración, pero también demanda hábitos claros. Equilibrar estudio, descanso y entretenimiento se convierte en una tarea diaria que requiere acuerdos, diálogo y presencia adulta, especialmente cuando los dispositivos se transforman en el principal puente con el mundo.
Este nuevo ecosistema educativo también incrementa los riesgos. A mayor tiempo en línea, mayor exposición a problemas de privacidad, contenidos inadecuados y contacto con personas desconocidas. La hiperconectividad puede influir en la concentración, la gestión del tiempo y la forma de relacionarse. Por eso, la tecnología deja de ser solo una herramienta académica y se convierte en un entorno que necesita reglas claras. Acompañar no significa vigilar de forma punitiva, sino guiar, explicar y construir criterios para una navegación más segura.
Los datos muestran que aún existe una brecha en ese acompañamiento. Según el mismo estudio, solo el 48 % de los padres colombianos utiliza herramientas de control parental y apenas el 56 % revisa con regularidad el historial de navegación de sus hijos. Estas cifras evidencian que la educación digital en casa sigue siendo un pendiente. La prevención no puede basarse únicamente en prohibiciones, sino en confianza informada, conversaciones abiertas y acuerdos que permitan a los niños entender riesgos y responsabilidades desde temprana edad.
“Hoy, los niños y adolescentes utilizan Internet como una extensión natural de su vida cotidiana, muchas veces sin ser plenamente conscientes de los riesgos”, explica Fabiano Tricarico, director de Productos para el Consumidor en América Latina en Kaspersky. La pérdida de privacidad, el ciberacoso y la circulación de información personal sin control son amenazas reales. Por eso, el rol de los padres ya no se limita al acompañamiento académico tradicional, sino que debe incluir una formación digital activa y permanente.
Frente a este panorama, los expertos recomiendan establecer rutinas digitales con propósito, definir horarios claros y promover pausas activas que equilibren cuerpo y mente. Proteger la privacidad desde temprana edad, revisar configuraciones de redes sociales y limitar la información personal compartida es clave. También es fundamental fomentar relaciones digitales responsables, enseñando a interactuar solo con personas conocidas y a identificar comportamientos sospechosos. La educación digital se construye con ejemplos cotidianos y coherencia entre discurso y práctica.
La tecnología, bien utilizada, puede ser aliada de las familias. Soluciones como controles parentales y herramientas de seguridad permiten acompañar sin invadir, promoviendo autonomía con protección. En un contexto donde el colegio ya es digital, el desafío no es desconectarse, sino aprender a estar conectados de forma segura. Acompañar a los niños en este entorno es una tarea compartida que define no solo su aprendizaje, sino su bienestar presente y futuro en un mundo cada vez más digital.
