Soulstice Dance 2025: música, territorio y sabiduría ancestral frente al mar

 


Soulstice Dance 2025 se vivió los días 12 y 13 de diciembre en Playa Soulstice, a pocos minutos del Parque Tayrona, como un encuentro que unió música, espiritualidad, sostenibilidad y territorio sagrado en la Sierra Nevada de Santa Marta. La primera edición reunió a miles de asistentes de Colombia y del mundo, y dejó una huella cultural y turística que se sintió en Santa Marta, Minca, Buritaca, Palomino y el corredor Tayrona.


Con más de 2.000 asistentes nacionales e internacionales reportados por la organización y una programación artística con más de 30 artistas, el festival cerró consolidándose como uno de los hitos culturales del año en la región. La puesta en escena frente al Caribe no solo amplificó la experiencia sensorial, sino que posicionó a la Sierra Nevada como un epicentro cultural y espiritual ante nuevas audiencias.


El evento también se destacó por el impacto económico: una inversión cercana al millón de dólares, más de 700 empleos directos y cerca de 5.000 indirectos, además de una cadena de beneficios para hotelería, transporte, gastronomía, comercio artesanal y experiencias turísticas. El movimiento de visitantes y la operación logística confirmaron que el Caribe colombiano puede albergar festivales de gran formato con enfoque responsable.


Uno de los hechos más significativos fue la alianza directa con los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada: Kogi, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo. En esa articulación, Soulstice Dance marcó un precedente al integrar la dimensión cultural y espiritual del territorio en el corazón del evento, con rituales de permiso y acompañamiento ceremonial que le dieron sentido al encuentro.


La noticia que trascendió fronteras fue histórica: por primera vez un colectivo cultural indígena conformado por representantes de los cuatro pueblos se presentó en horario estelar en un festival internacional, ocupando el escenario principal en una franja central del cartel. Ese momento, compartido en la misma jornada con artistas de alcance global como The Wailers, fue leído como una declaración de respeto y de posibilidad para el diálogo intercultural.


La gran revelación artística llegó con Kandymaku y su colectivo, integrado por cerca de 20 músicos indígenas —hombres y mujeres acordeoneras, maraqueras y cantadores— que llevaron cantos ceremoniales y ritmos tradicionales al escenario. Su presentación conectó al público con una música nacida del corazón espiritual del mundo, y dejó la sensación de que lo ancestral puede habitar lo contemporáneo sin perder su esencia.


El acto estuvo acompañado por un ritual liderado por Mamos, quienes realizaron un trabajo ceremonial para armonizar mar, sol y territorio, y reforzar el mensaje de encuentro desde el equilibrio. En escena, las palabras de los líderes insistieron en la importancia de valorar la música nacida en la tierra y en la diversidad como una fuerza colectiva que puede sanar y unir.


En lo musical, el festival dejó dos jornadas con identidades marcadas. El viernes estuvo orientado a la electrónica y los sonidos tropicales, con artistas como Art Department, Ácido Pantera y Natalia París, mientras la experiencia holística se desplegó en el Templo de la Conciencia con yoga, ceremonias de fuego, breathwork, meditaciones y espacios de sabiduría indígena.


El sábado se vivió como el “día legendario”, con presentaciones que concentraron la atención del público, incluyendo a The Wailers con una celebración alrededor de su repertorio icónico y una jornada que también sumó nombres como Danny Tenaglia y Systema Solar. En paralelo, el Templo mantuvo actividades como cacao ceremony, ecstatic dance, rituales de fuego y conciertos de sanación sonora.


Más allá del cartel, Soulstice Dance 2025 se distinguió por el diseño de una experiencia para habitar el cuerpo y el tiempo: caminatas descalzas sobre la arena, zonas lounge con tapetes y almohadas frente al escenario, y una oferta gastronómica que priorizó cocina local caribeña. El cierre dejó además un aporte para los pueblos ancestrales, con recursos destinados a la construcción de kankurwas, y la confirmación de que el festival ya se proyectó hacia una segunda edición en 2026.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Publicidad