En 2026, la clásica pregunta de si una laptop es “para trabajar”, “para estudiar” o “para jugar” empieza a quedarse sin sentido. El mismo equipo que abre una videollamada a las 9 de la mañana puede estar exportando un video en 4K por la tarde y ejecutando un videojuego AAA por la noche. El usuario es híbrido, y el mercado de computadoras personales se está viendo obligado a serlo también.
Tras el freno posterior a la pandemia, el mercado global de PCs volvió a moverse con fuerza. De acuerdo con estimaciones de IDC, el mercado tradicional alcanzó alrededor de 261 millones de unidades en 2024 y crecería hasta 274 millones en 2025, impulsado por el recambio hacia Windows 11 y nuevos formatos de laptops. Pero el verdadero acelerador del cambio es la llegada de las AI PCs, equipos con unidades de procesamiento neuronal dedicadas que permiten ejecutar tareas de inteligencia artificial de forma local.
Las proyecciones muestran un giro estructural. Gartner calcula que las AI PCs representarán cerca del 31 % del mercado en 2025 y más del 55 % en 2026, mientras otras consultoras anticipan que la mayoría de los computadores enviados a partir de 2027 ya estarán preparados para cargas de IA. Más laptops, más potencia y más cómputo inteligente llegan justo cuando el usuario promedio se convierte, al mismo tiempo, en profesional, creador y gamer.
Las cifras del ecosistema digital refuerzan esta convergencia. La economía de creadores superó los 200 mil millones de dólares en 2024 y continúa creciendo a doble dígito, mientras que el mercado global de videojuegos moverá cerca de 189 mil millones de dólares en 2025, según proyecciones de Newzoo. La misma persona que edita un podcast, produce contenido para redes o dicta clases virtuales suele también jugar, transmitir en vivo y trabajar de forma remota desde el mismo dispositivo.
Este cambio de hábitos está erosionando las etiquetas tradicionales. En lugar de pensar en segmentos cerrados, los fabricantes empiezan a diseñar laptops alrededor de escenarios de uso que conviven en un solo equipo: productividad intensiva con múltiples aplicaciones abiertas, creación de contenido audiovisual y diseño, y juegos que exigen gráficos fluidos y baja latencia. Para lograrlo, la industria ha incorporado GPUs más eficientes, pantallas de alta tasa de refresco con buena fidelidad de color, sistemas térmicos avanzados y NPUs que descargan tareas de IA del CPU y la GPU.
El resultado es un nuevo estándar de expectativas. El usuario quiere autonomía de batería propia de un ultrabook, pero con potencia gráfica suficiente para editar o jugar; busca diseños sobrios que funcionen en una reunión, pero con especificaciones cercanas al gaming; y espera experiencias listas para crear, con mejores cámaras, micrófonos optimizados e inteligencia artificial integrada desde el primer encendido.
Frente a este escenario, los fabricantes están respondiendo con portafolios más flexibles y menos encasillados. En ese contexto, Acer ha venido reflejando esta transición a través de familias que cubren distintos perfiles sin imponer una sola identidad al usuario. Líneas como Swift, Nitro y Predator permiten configuraciones que se adaptan a combinaciones de estudio, trabajo, creación de contenido y gaming, respondiendo a la lógica de un día laboral que ya no termina cuando se cierra el correo.
Como resume Silvio García, director regional de Acer para Colombia y México, el usuario actual ya no se define por una sola etiqueta. Puede ser ejecutivo en la mañana, creador en la tarde y gamer en la noche. Esa realidad está obligando a la industria a repensar el concepto mismo de laptop. De cara a 2026, la distinción estricta entre equipos de consumo, de trabajo, de creación o de juego será cada vez menos relevante. La computadora portátil estándar tiende a convertirse en una plataforma creativa y de entretenimiento por defecto, donde la experiencia completa pesa más que la categoría a la que alguna vez perteneció.
