Córdoba empieza a escribir un nuevo capítulo en su historia productiva. Lejos de los modelos extractivos tradicionales, el departamento se perfila como uno de los territorios con mayor potencial en Colombia para liderar cadenas de valor basadas en pigmentos naturales, un mercado global que crece impulsado por la demanda de ingredientes seguros, trazables y sostenibles. La biodiversidad del territorio, su tradición agrícola y la presencia de especies estratégicas convierten a la región en un escenario ideal para integrar ciencia, campo y bioeconomía.
Este giro productivo no ocurre en el vacío. En los principales mercados del mundo, especialmente en Europa y Estados Unidos, los colorantes sintéticos enfrentan restricciones crecientes por riesgos sanitarios. Sustancias como el Rojo 3, la Tartrazina o el Amarillo Ocaso han sido limitadas o advertidas, acelerando la transición hacia alternativas de origen vegetal. En ese contexto, los pigmentos naturales dejan de ser una tendencia para convertirse en una necesidad industrial.
Las cifras confirman el momento. El mercado global de pigmentos naturales alcanzó los USD 14.200 millones en 2024 y proyecta llegar a USD 25.500 millones en 2032, con una tasa de crecimiento anual del 7,35 %. Asia-Pacífico lidera la producción, Europa marca el ritmo regulatorio y América Latina gana espacio gracias a su riqueza vegetal. Allí, Córdoba aparece como un territorio con ventajas comparativas difíciles de replicar.
El departamento cuenta con suelos fértiles, disponibilidad de agua y especies con alto valor industrial como el achiote, la cúrcuma y la jagua. El achiote, por ejemplo, es fuente de bixina y norbixina, pigmentos ampliamente utilizados en alimentos, lácteos, snacks y cosmética, con rendimientos promedio en Colombia cercanos a 2,6 toneladas de semilla seca por hectárea. La cúrcuma, por su parte, aporta curcumina —compuesto antioxidante y antiinflamatorio— con rendimientos que pueden superar los 35.000 kilos de rizoma fresco por hectárea en condiciones óptimas.
Uno de los hitos más relevantes de esta apuesta es la jagua. De esta especie nativa se obtuvo el primer pigmento azul natural estable aprobado por la FDA para alimentos y bebidas, un desarrollo biotecnológico que posicionó a Colombia en el radar global. La jagua crece de forma natural en Córdoba y su aprovechamiento no implica tala, lo que la convierte en un insumo estratégico para proyectos productivos que integran restauración ecológica, reforestación y economía circular.
“El desarrollo de pigmentos naturales representa una oportunidad extraordinaria para Córdoba y para Colombia. Estamos ante un mercado global en expansión que valora la sostenibilidad, la innovación y el origen natural de los insumos”, afirmó Carmen Caballero, presidenta de ProColombia, al destacar el acompañamiento institucional a empresarios e inversionistas interesados en esta transición productiva.
A esta ventaja biológica se suma la innovación tecnológica. Procesos como la extracción por ultrasonido o microondas, el calentamiento óhmico, la alta presión hidrostática y la encapsulación nano y microestructurada permiten obtener pigmentos más estables, con menor uso de solventes y mayor aprovechamiento de residuos agrícolas. Son tecnologías que acercan el campo a la industria y refuerzan modelos de producción sostenibles.
El reto ahora es escalar. La articulación entre productores rurales, industria, centros de investigación y políticas públicas será clave para transformar el potencial en cadenas de valor consolidadas. En este camino, ProMontería, la agencia de promoción de inversión de Montería y Córdoba, acompaña a inversionistas nacionales e internacionales con información estratégica, articulación institucional y conexión con proveedores locales.
Con biodiversidad, ciencia y una institucionalidad activa, Córdoba se proyecta como un territorio donde el color del futuro no es sintético, sino natural. La apuesta por pigmentos vegetales no solo abre nuevas oportunidades económicas, sino que redefine la manera en que el desarrollo puede surgir del equilibrio entre naturaleza, innovación y mercado global. Aquí, la bioeconomía deja de ser un concepto y empieza a tomar forma productiva.
