Colombia entra a 2026 entre desaceleración global, presión fiscal y un año electoral decisivo

 

Colombia iniciará 2026 en un contexto económico complejo, marcado por tensiones internas y un entorno internacional menos favorable. A los retos estructurales en materia fiscal, laboral y de seguridad se suma un año electoral que incrementa la incertidumbre. Aunque el consumo ha sostenido el crecimiento reciente, los analistas advierten que esta dinámica es frágil y difícil de sostener sin una recuperación clara de la inversión privada.

El panorama global tampoco ofrece alivio. Durante el primer trimestre de 2025, el comercio internacional se vio impulsado artificialmente por el fenómeno de frontloading, con exportaciones anticipadas para evitar aranceles. Sin embargo, una vez entraron en vigor las medidas proteccionistas, el flujo comercial se desaceleró con fuerza, afectando especialmente a economías emergentes altamente dependientes del comercio exterior.

“Lo que vimos a comienzos de 2025 fue un espejismo comercial”, explica Alejandro Escobar Correa, gerente estratégico de Sectorial.co. Según el analista, las empresas adelantaron operaciones que no eran sostenibles en el tiempo, y hoy enfrentan una corrección que golpea inversión, producción y empleo. Esta “resaca” comercial, advierte, se sentirá con mayor fuerza en 2026.

Las proyecciones internacionales reflejan ese ajuste. La OCDE prevé que el crecimiento mundial pase del 3,2 % en 2025 al 2,9 % en 2026, mientras que el Banco Mundial estima cifras aún más conservadoras, entre 2,3 % y 2,6 %. La principal preocupación es la caída de la inversión global, un factor clave para sostener la expansión económica en el mediano plazo.

En las principales economías, las señales son mixtas. Estados Unidos acumula más de medio año sin repuntes industriales relevantes y China continúa una senda de enfriamiento gradual. En contraste, India lidera el crecimiento mundial con expansiones superiores al 6 %, mientras economías del Golfo, África subsahariana y Asia no china mantienen ritmos moderados pero estables.

América Latina crecería entre 2,3 % y 2,7 %, limitada por su dependencia de los commodities y las altas tasas de interés. Argentina muestra una salida técnica de la recesión y Perú sorprende por la solidez de su inversión privada. Colombia, por su parte, crecería 2,8 % en 2025, pero esa cifra se ajustaría a 2,3 % en 2026 ante la debilidad de la inversión.

“Colombia está creciendo por consumo, no por inversión. Es como quemar los muebles para calentar la casa”, advierte Escobar. El déficit fiscal, proyectado por encima del 7 %, la alta informalidad laboral y tasas de interés efectivas cercanas al 15 % limitan el crédito y la expansión empresarial. A esto se suma una crisis de seguridad territorial que afecta la confianza y la estabilidad.

El componente político agrega presión adicional. La fragmentación electoral, con al menos seis candidaturas en primera vuelta, prolonga la incertidumbre. “Los inversionistas odian la incertidumbre”, señala Escobar, quien advierte que el costo económico de la polarización no siempre se refleja en cifras oficiales. En este escenario, 2026 se perfila como un año de ajustes y cautela, donde la adopción tecnológica y sectores estratégicos podrían marcar la diferencia entre el estancamiento y una recuperación sostenible.

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