TransMilenio fortalece su estrategia de seguridad vial tras 26 años de operación

 

TransMilenio llega a sus 26 años con una evolución en materia de seguridad vial que combina tecnología, control operacional, formación de conductores y prevención de riesgos. La transformación se enmarca en el enfoque de Sistema Seguro, que parte de reconocer que los errores humanos pueden ocurrir y que la infraestructura, los vehículos y los mecanismos de supervisión deben contribuir a evitar que esos errores terminen en tragedias. La apuesta busca anticiparse a los riesgos y proteger la vida de usuarios, operadores y demás actores viales de Bogotá.

Natalia Tinjaca, directora técnica en seguridad de Transmilenio analiza la historia y muestra el impacto que tuvo la entrada en operación del sistema sobre la movilidad capitalina. Entre 1999 y 2004, las muertes por siniestros viales en Bogotá pasaron de 1.106 a 667, en un contexto marcado por la segregación de actores viales, la modernización de la flota y la profesionalización de los conductores. Sin embargo, el desafío permanece: durante 2025 la ciudad registró 562 personas fallecidas en siniestros viales, de las cuales 56 correspondieron a eventos relacionados con la interacción con TransMilenio.

Uno de los frentes prioritarios es el control de la velocidad, debido a su incidencia en la gravedad de los siniestros. Mediante el Sistema de Gestión de Flota, TransMilenio alcanzó una cobertura del 53 % en agosto de 2026. Durante ese mes fueron detectados 2.336 excesos de velocidad y se gestionaron 626 incumplimientos. Además, entre enero y agosto de 2026, los concesionarios de Fase V redujeron en 88 % los eventos de exceso de velocidad frente al mismo periodo de 2025.

El Centro de Control cumple un papel clave en esta estrategia. Los oficiales reciben las alertas generadas por los sistemas de monitoreo, establecen comunicación con los operadores e intervienen para mitigar riesgos. Cuando aparecen comportamientos recurrentes, TransMilenio requiere a los concesionarios implementar acciones correctivas y de mejora. La gestión busca que los controles no se limiten a registrar una infracción, sino que permitan identificar patrones, actuar oportunamente y evitar que determinadas conductas vuelvan a presentarse durante la operación.

La prevención también aborda el consumo de sustancias psicoactivas entre conductores profesionales. Desde 2025, TransMilenio realiza controles de tamizaje en el componente zonal para detectar el consumo reciente de 6 tipos de sustancias dentro de una ventana de 48 horas. Hasta ahora se han practicado más de 2.698 pruebas, con una tasa de positividad del 3,81 %. La entidad trabaja además con Medicina Legal en protocolos de valoración confirmatoria para fortalecer el sustento técnico, médico y jurídico de los procedimientos.

Otro riesgo bajo vigilancia es la fatiga durante la conducción. Los sistemas de detección de fatiga permiten identificar señales tempranas de somnolencia y activar intervenciones preventivas. Durante 2026, estas herramientas generaron más de 31.400 reportes y permitieron intervenir preventivamente a más de 690 operadores. El modelo incorpora seguimiento médico especializado y trabajo conjunto con concesionarios, Entidades Promotoras de Salud y la Fundación Neumológica Colombiana, con el propósito de reducir los riesgos asociados a los microsueños y la pérdida de control en la operación cotidiana del transporte público.

La evolución tecnológica de la flota también ha acompañado esta política. Entre 2000 y 2009 se incorporaron sistemas como frenos ABS, Door Brake y geoposicionamiento; entre 2012 y 2019 llegaron la telemetría, el circuito cerrado de televisión y el monitoreo operacional. Desde 2020, la prioridad ha sido anticipar riesgos mediante Sistemas de Asistencia al Conductor, analítica avanzada, inteligencia artificial, frenado asistido, geocercas de velocidad y soluciones para reducir puntos ciegos.

Después de 26 años, TransMilenio plantea una seguridad vial que ya no depende únicamente de proteger y controlar, sino de anticipar los riesgos. La tecnología debe complementarse con capacitación permanente, monitoreo desde los centros de control, infraestructura que mitigue errores y acciones preventivas junto con los concesionarios. En una Bogotá donde también ha crecido la participación de la motocicleta, el desafío exige una mirada integral sobre la siniestralidad. La evolución del sistema coloca la protección de la vida como prioridad permanente.

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