La Catedral de Sal de Zipaquirá se convirtió en escenario de una experiencia deportiva singular el 18 de octubre de 2026, cuando cerca de 4.000 corredores participaron en la segunda edición del Trail Color Run. La competencia combinó actividad física, turismo y entretenimiento en un recorrido que llevó a participantes de distintas edades por el interior de la mina salinera y los paisajes de la sabana de Bogotá, con una propuesta diferente a las tradicionales carreras urbanas.
Uno de los principales atractivos fue el trayecto de aproximadamente 2 kilómetros a 180 metros bajo tierra, en medio de los espacios subterráneos de la Catedral. El recorrido permitió a los participantes experimentar el running en un entorno marcado por la arquitectura minera, el valor cultural y el significado religioso del lugar. La propuesta amplió las alternativas para los aficionados al atletismo, al integrar el desafío físico con un escenario turístico reconocido por su singularidad.
La jornada continuó a cielo abierto con una celebración de color y espuma que estuvo acompañada por el grupo de animadores conocido como Los Morochos. Este cierre convirtió la competencia en una actividad recreativa para corredores, familias y miembros de la comunidad. La combinación de deporte y entretenimiento buscó ofrecer una experiencia más amplia que la de una carrera convencional, al aprovechar tanto los espacios interiores de la Catedral como los atractivos naturales de su entorno.
Páez Sabogal, gerente de la Catedral de Sal, destacó la respuesta de los participantes y expresó su intención de impulsar una tercera edición. La directiva señaló que la asistencia demuestra el potencial del lugar para consolidarse no solo como destino de turismo religioso, sino también como escenario de cultura y deporte. La organización valoró la participación de los atletas y de la comunidad de Zipaquirá, que acompañaron una jornada orientada a promover nuevas experiencias alrededor de este patrimonio colombiano.
Uno de los elementos más distintivos de la competencia fue la medalla entregada a quienes completaron el recorrido. A diferencia de las preseas metálicas habituales en las carreras atléticas, el reconocimiento fue elaborado en sal por artesanos locales. La pieza convirtió el recuerdo de la participación en un objeto ligado directamente a la identidad de la Catedral y al trabajo artesanal de la región, además de ofrecer a los corredores un símbolo tangible de su paso por las profundidades de la mina.
Páez Sabogal resaltó el valor de esta medalla como una muestra del talento de los artesanos y de sus saberes tradicionales. Según explicó, cada uno de los participantes pudo llevarse a casa un recuerdo elaborado a partir de la sal, materia que identifica a Zipaquirá y a su principal atractivo turístico. La iniciativa también permitió visibilizar el trabajo de quienes mantienen vivas las prácticas artesanales asociadas con la historia minera del municipio y contribuyen a enriquecer la experiencia de los visitantes.
El evento también representa una oportunidad para dinamizar la economía local. La llegada de miles de corredores puede beneficiar a sectores como la hotelería, la gastronomía y el transporte, además de fortalecer la actividad turística de Zipaquirá. La Catedral de Sal constituye uno de los principales atractivos de la ciudad y su programación cultural y deportiva puede ampliar los motivos de visita, al atraer públicos interesados en experiencias que combinan patrimonio, naturaleza, actividad física y entretenimiento.
Con el balance positivo de esta segunda edición, la Catedral de Sal proyecta continuar explorando la relación entre turismo y deporte mediante una posible tercera versión del Trail Color Run. La convocatoria reunió a cerca de 4.000 participantes y ofreció un recorrido poco convencional, una celebración al aire libre y una medalla artesanal que destacó la identidad local. La experiencia refuerza el potencial de Zipaquirá para diversificar su oferta turística y conectar su patrimonio con nuevas formas de encuentro ciudadano.
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