Colombia realizó el 21 de octubre de 2026 el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias, una jornada orientada a evaluar la preparación de familias, comunidades e instituciones ante situaciones de riesgo. La actividad también pone sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿qué hacer si ocurre una emergencia cuando los integrantes de una familia se encuentran en lugares diferentes? Tener rutas de evacuación y un kit de emergencia resulta importante, pero establecer cómo comunicarse y dónde reunirse también puede marcar la diferencia.
En la rutina diaria, los familiares suelen estar distribuidos entre oficinas, colegios, universidades y otros espacios. Ante un desastre, las comunicaciones pueden convertirse en una preocupación inmediata, especialmente si las redes móviles se saturan o el acceso a internet presenta fallas. Por esta razón, contar con acuerdos previos permite reducir la incertidumbre y establecer procedimientos para confirmar que cada persona está a salvo, informar su ubicación y coordinar el reencuentro sin depender exclusivamente de los teléfonos celulares.
Life360, una aplicación de seguridad y conexión familiar, destaca la importancia de combinar herramientas digitales con medidas tradicionales de preparación. Su plataforma permite crear grupos privados denominados “Círculos”, cuyos integrantes pueden compartir voluntariamente su ubicación con familiares y personas de confianza. También ofrece funciones como las alertas de ubicación y el registro de llegada, que facilitan la coordinación cotidiana. Sin embargo, estas herramientas dependen de la conectividad y deben complementar, no reemplazar, un plan familiar de emergencia.
La primera recomendación consiste en elegir un punto de encuentro conocido por todos y establecer una segunda alternativa por si el lugar principal resulta inaccesible. El sitio debe ser fácil de identificar y su ubicación debe quedar memorizada por los integrantes de la familia. La segunda medida es designar un contacto de confianza que viva fuera de la zona afectada, preferiblemente en otra ciudad o región, para centralizar los mensajes cuando los familiares no puedan comunicarse directamente entre sí.
El tercer paso es acordar un mensaje breve para confirmar que cada persona está bien. La información básica puede incluir tres elementos: el estado de la persona, el lugar donde se encuentra y hacia dónde se dirige. Este acuerdo permite transmitir información clara en momentos de tensión y evita conversaciones extensas cuando las comunicaciones son limitadas. Los familiares deben conocer previamente el procedimiento, incluidos los niños y los adultos mayores, para que puedan utilizarlo sin confusión cuando se presente una situación inesperada.
La cuarta recomendación es conservar los datos esenciales fuera del teléfono. Los números de contacto, las direcciones y los puntos de encuentro deben estar disponibles en una tarjeta guardada en la cartera, la mochila o el kit de emergencia. Esta precaución cobra importancia si el dispositivo se pierde, se descarga o no puede conectarse a internet. Contar con información física permite mantener acceso a los datos necesarios para comunicarse y organizar el reencuentro incluso cuando las herramientas digitales dejan de funcionar.
El quinto paso consiste en aprovechar los canales de comunicación disponibles cuando se restablezca la conexión. Life360 permite que una persona comparta su ubicación con los integrantes de su Círculo mediante la función “Check In”, que envía una notificación colectiva. Si la opción de compartir ubicación está activada y existe conexión, los miembros también pueden consultar el mapa compartido. No obstante, la plataforma advierte que estas funciones requieren conectividad, por lo que deben integrarse a una estrategia más amplia que contemple alternativas sin internet.
La historia de Life360 también está relacionada con la preparación ante desastres. La idea de la plataforma surgió después del huracán Katrina de 2005, cuando su cofundador Chris Hulls observó las dificultades que enfrentaban las familias para localizarse y reunirse tras una emergencia. El Simulacro Nacional ofrece una oportunidad para practicar estos acuerdos antes de que ocurra una crisis. La preparación más efectiva combina puntos de encuentro definidos, contactos de respaldo, información accesible y comunicación clara para proteger a quienes más importan.

