La creatividad, la libertad artística y la capacidad de convertir las ideas propias en obras con identidad marcaron la reflexión de Francis Ford Coppola durante su participación en el World Business Forum Bogotá 2026. El cineasta estadounidense, reconocido por películas como El padrino y Apocalypse Now, compartió su visión sobre los desafíos de crear en una industria que suele privilegiar las producciones de gran presupuesto y las fórmulas comerciales. Su intervención también abrió una conversación sobre el papel de la imaginación en un mundo de transformaciones aceleradas.
El encuentro, realizado el 28 y 29 de octubre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, reunió a líderes empresariales y figuras internacionales alrededor de la creatividad, el liderazgo y la transformación de las organizaciones. En ese escenario, Coppola llevó su experiencia cinematográfica a una discusión que trasciende las pantallas: cómo defender una visión propia, asumir riesgos y construir propuestas capaces de diferenciarse en entornos dominados por modelos establecidos.
Con una trayectoria de más de seis décadas, el director ha desarrollado una filmografía que explora las relaciones humanas, el poder, la familia y las contradicciones sociales. Su recorrido también ha estado marcado por decisiones creativas que se apartan de las convenciones de la industria. Esa experiencia alimentó sus reflexiones sobre la necesidad de preservar la autenticidad artística, incluso cuando los recursos económicos son limitados o las expectativas comerciales presionan a quienes comienzan su camino.
Durante una conversación con Revista Impacta, Coppola insistió en que la falta de financiación no debería convertirse en una barrera definitiva para los nuevos realizadores. A su juicio, las herramientas disponibles permiten iniciar proyectos con recursos modestos, siempre que exista una idea personal detrás de la obra. La tecnología puede facilitar la producción, pero la diferencia esencial está en la mirada de quien cuenta la historia y en su capacidad para expresar algo que no podría hacer otra persona.
El cineasta también abordó la relación entre los sueños y la realidad, a partir de su experiencia con Megalopolis, una película que desafió las expectativas de algunos espectadores y críticos. Para Coppola, la imaginación no tiene por qué ajustarse a los límites de lo convencional. La creación artística puede resultar extraña, compleja o difícil de clasificar, pero esa singularidad constituye una de sus mayores fortalezas cuando responde a una búsqueda genuina.
Su reflexión se extendió al cine latinoamericano, la literatura de la región y la idea de que Hollywood representa necesariamente el centro mundial de la producción cultural. Coppola mencionó a Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar como referentes de una tradición literaria con identidad propia. Desde esa perspectiva, la cultura latinoamericana no necesita imitar modelos externos para alcanzar relevancia: puede encontrar su fuerza en las historias, sensibilidades y experiencias que la hacen diferente.
La conversación también incorporó preguntas sobre los cambios científicos y tecnológicos que podrían transformar la vida humana durante las próximas décadas. Coppola mencionó la computación cuántica, la fusión nuclear y la edición genética mediante CRISPR, junto con los dilemas que acompañan el desarrollo de la inteligencia artificial. Sus planteamientos reflejaron una mezcla de expectativa y cautela frente a tecnologías cuyo alcance futuro todavía presenta interrogantes científicos, sociales y éticos.
Jhonatan Rojas, director de Revista Impacta, entrevista a Francis Ford Coppola, director, guionista y productor cinematográfico, para profundizar en su visión sobre la creatividad, la independencia artística, el cine latinoamericano y la responsabilidad humana frente a los avances tecnológicos. A partir de sus declaraciones en la sala de prensa del World Business Forum Bogotá 2026, la conversación explora cómo una idea personal puede convertirse en una obra significativa y por qué el futuro exige imaginación, criterio y responsabilidad.
Director Impacta. ¿Qué les diría a los jóvenes que quieren hacer cine, pero no consiguen financiación para realizar sus películas?
Francis Ford Coppola. Les diría que hagan sus películas como puedan. Pueden utilizar un iPhone, trabajar con sus amigos y comenzar con los recursos que tengan disponibles. Lo importante es que la historia sea personal, porque cuando una película expresa algo verdaderamente propio, tiene valor. A veces, las grandes compañías intentan atraer a los jóvenes con la posibilidad de dirigir franquicias enormes, como Dune o James Bond. Ese camino puede acostumbrarlos a depender de presupuestos gigantescos y terminar convirtiéndolos en parte de un sistema que limita su libertad. Mi consejo es que no renuncien a su identidad y creen algo que solamente ellos puedan hacer.
D.I. ¿Cuál es la diferencia entre tener un sueño y convertirlo en una realidad cinematográfica?
F.C. Los sueños son profundamente personales y no siempre resulta sencillo establecer dónde termina la imaginación y dónde comienza la realidad. Cuando hice Megalopolis, quise mostrar precisamente esa dimensión de los sueños que muchas veces parece extraña o difícil de comprender. Algunas personas consideraron que la película era demasiado complicada y que el público no entendería determinadas escenas. Por eso, en un momento, volví a editarla, pero después decidí recuperar los sueños que había quitado. Para mí, esa dimensión interior puede ser mucho más interesante que la vida cotidiana. El cine no debería limitarse a reproducir lo que ya conocemos; también puede explorar aquello que todavía no comprendemos.
D.I. ¿Cómo ve el cine latinoamericano y su capacidad para conquistar espacios internacionales sin depender de Hollywood?
F.C. Creo que no hay que aceptar la idea de que Hollywood sea necesariamente el escenario principal del mundo. Esa concepción puede hacer que los cineastas de otros lugares sientan que deben alcanzar un modelo externo para ser considerados importantes. América Latina tiene una riqueza cultural extraordinaria. Basta pensar en escritores como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, cuyas obras han ampliado la manera en que el mundo entiende la literatura. La región posee historias, experiencias y formas de mirar la realidad que no necesitan imitar a nadie. En lugar de preocuparse por entrar en un supuesto escenario mundial, los creadores latinoamericanos pueden concentrarse en desarrollar aquello que hace única su cultura.
D.I. En un mundo que parece superar la ficción, ¿qué transformaciones cree que cambiarán la vida humana durante las próximas décadas?
F.C. Creo que en los próximos 7, 30 o 90 años podrían producirse transformaciones que hoy apenas comenzamos a imaginar. La computación cuántica, por ejemplo, podría cambiar radicalmente nuestra capacidad para procesar información. También me interesa la posibilidad de desarrollar la fusión nuclear como fuente de energía y utilizar nuevas tecnologías para resolver problemas como la escasez de agua. La edición genética mediante CRISPR abre, además, oportunidades para tratar enfermedades, aunque todavía existen preguntas sobre sus consecuencias. Estos avances podrían ser extraordinarios, pero no debemos confundir las posibilidades con certezas. Cada descubrimiento necesita investigación, evaluación y una comprensión cuidadosa de sus riesgos.
D.I. ¿Qué responsabilidad tienen los seres humanos frente a la inteligencia artificial y los avances científicos que están creando?
F.C. No deberíamos permitir que la inteligencia artificial avance sin límites ni supervisión, especialmente cuando puede acceder a internet y escribir código de manera autónoma. Tenemos que aprender a conocerla, comprender sus capacidades y establecer condiciones para que su desarrollo responda a principios humanos. Podríamos pensar en ella como en un niño de 8 años: necesita orientación y límites, no abandono. También debemos reconocer que todavía no comprendemos plenamente la conciencia ni todas las capacidades de nuestra propia especie. La inteligencia humana es extraordinaria y tenemos posibilidades inmensas, pero esa capacidad implica responsabilidad. El desafío consiste en desarrollar nuevas herramientas sin perder de vista el valor de la vida y la dignidad humana.

