Los paisajes rurales colombianos representan mucho más que escenarios naturales: son territorios construidos durante generaciones por comunidades campesinas, indígenas y productores agropecuarios. Cafetales, cacaotales, cultivos frutales y sabanas inundables reflejan una relación histórica entre las actividades productivas, la biodiversidad y las tradiciones culturales. En el marco del Día Internacional del Paisaje, conmemorado el 20 de octubre, la planificación rural adquiere relevancia como herramienta para proteger estos espacios y reconocer su valor ambiental, económico y social.
La Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) incorporó desde 2016 el concepto de paisaje agropecuario en sus procesos de planificación y ordenamiento territorial. La iniciativa busca reconocer territorios donde las actividades productivas conviven con ecosistemas, conocimientos tradicionales y formas de organización comunitaria. Para avanzar en esa tarea, la entidad ha desarrollado herramientas como el Catálogo de Paisajes Agropecuarios, destinado a identificar y caracterizar estos espacios, y la Carta del Paisaje Agropecuario, un acuerdo voluntario para promover su gestión sostenible.
Una de las experiencias más representativas se encuentra en Paz de Ariporo, Casanare, donde más de 512.000 hectáreas de sabana inundable albergan prácticas productivas adaptadas a condiciones ambientales exigentes. Durante buena parte del año, el territorio permanece bajo el agua y posteriormente enfrenta temporadas de verano intenso. En ese entorno, la ganadería tradicional convive con los conucos familiares, las huertas, la cría de especies menores y la producción de miel de abejas nativas, actividades que sostienen la economía local.
Los conucos constituyen una expresión del conocimiento agrícola transmitido entre generaciones. En ellos, las familias pueden sembrar entre 10 y 40 especies mediante técnicas tradicionales como el majadeo, mientras mantienen otras prácticas vinculadas con la alimentación y la cultura llanera. La elaboración artesanal de cabestros con crin de caballo y la preparación de mamona forman parte de ese patrimonio. Estas costumbres, junto con la producción agropecuaria y la relación con los ecosistemas, contribuyen a definir la identidad del paisaje de la sabana inundable.
En 2023, Paz de Ariporo adoptó la Carta del Paisaje Ganadero de Sabana Inundable, construida con participación de la comunidad, la Alcaldía municipal, el Proyecto Biocarbono y el acompañamiento técnico de la UPRA. El acuerdo se convirtió en la base de una aspiración de alcance internacional: conseguir que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconozca este territorio como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), una distinción dirigida a sistemas agrícolas tradicionales de especial valor.
La candidatura tiene una importancia particular para Colombia, que todavía no cuenta con un territorio reconocido dentro de esta categoría. Según la información presentada por la UPRA, en el mundo existen 104 sistemas SIPAM distribuidos en 29 países, mientras que 11 se encuentran en América Latina y el Caribe. La postulación de Paz de Ariporo es liderada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con apoyo técnico de la UPRA y participación de autoridades, entidades especializadas y comunidades que trabajan para conservar las prácticas productivas tradicionales.
El reconocimiento internacional podría contribuir a visibilizar a los productores, fortalecer el valor de sus productos, atraer inversiones y orientar políticas públicas hacia la conservación de estos territorios. También permitiría destacar los conocimientos locales como parte de una estrategia de desarrollo rural sostenible. En Paz de Ariporo, jóvenes que buscan tecnificar las actividades agropecuarias sin abandonar su identidad y profesionales que investigan los saberes llaneros muestran cómo la tradición puede dialogar con la ciencia, la educación y las nuevas oportunidades para las comunidades.
La experiencia de Casanare podría abrir el camino para identificar otros paisajes agropecuarios colombianos con potencial de conservación y reconocimiento. Colombia, considerado uno de los países más biodiversos del planeta, depende también del trabajo de quienes producen los alimentos que llegan diariamente a las mesas. La apuesta por estos territorios implica integrar producción, patrimonio cultural y protección ambiental en la planificación rural. Reconocer su importancia supone comprender que el campo no solo abastece al país: también conserva historias, conocimientos y paisajes que se construyen cada día.

