El II Congreso de la Bogotaneidad reunió los días 28 y 29 de octubre a representantes de entidades distritales, organizaciones sociales, universidades y ciudadanía en la Pontificia Universidad Javeriana, para conversar sobre el cuidado del espacio público, la memoria colectiva y el sentido de pertenencia. El encuentro promovió reflexiones sobre el derecho de todas las personas a disfrutar los espacios compartidos y la responsabilidad ciudadana de protegerlos, apropiarse de ellos y contribuir a su transformación.
Uno de los momentos centrales fue el diálogo sobre el espacio público como archivo vivo de la ciudad, en el que se compartieron experiencias relacionadas con la memoria y los derechos humanos. Liliana Lizarazo, fundadora de la Fundación Trípido, recordó la historia del puente de la calle 116 con avenida Boyacá, escenario donde fue asesinado su hijo, Diego Felipe Becerra, en agosto de 2011. Desde entonces, el lugar se transformó mediante el arte y dio origen al proyecto “Todas las vidas valen”.
“No es solo una intersección de una vía. Es el inicio de una lucha por los derechos humanos. Pero, como madre y lideresa, decidimos que este lugar no sería un espacio de violencia. Hoy, este puente está lleno de color y arte”, expresó Lizarazo. En la conversación también participaron Santiago Quintero, creador digital y autor, y Diego Javier Parra Cortés, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. El intercambio abordó la relación entre memoria, patrimonio y experiencias cotidianas.
La discusión sobre el derecho a la ciudad incluyó un panel dedicado a las condiciones necesarias para construir espacios públicos accesibles, seguros y equitativos. Participaron Óscar Alfredo Alfonso, de la Universidad Externado de Colombia; Emelyn de los Ríos, del Ministerio de Vivienda de Chile; Jorge Reyes, del Instituto para la Economía Social, y Beatriz Tsukamoto, de la Universidad El Bosque. La conversación examinó cómo las distintas necesidades de quienes habitan Bogotá deben incorporarse al diseño y disfrute de los lugares comunes.
La corresponsabilidad también ocupó un lugar destacado en el congreso. En el conversatorio sobre el cuidado de los espacios compartidos participaron representantes del Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal, organizaciones comunitarias de Sumapaz, la academia, ONU-Hábitat y el sector de aseo. Las experiencias expuestas destacaron el papel de la organización social, la participación ciudadana y el compromiso colectivo para atender problemáticas territoriales, promover el manejo adecuado de residuos y construir soluciones ajustadas a las particularidades de cada localidad.
La plazoleta Julio Carrizosa acogió el Rincón de la Bogotaneidad, un espacio con experiencias interactivas, propuestas culturales y ejercicios sobre convivencia, identidad y comportamientos ciudadanos. Entre las actividades se abordaron situaciones de acoso callejero, costumbres populares, patrimonio, historia y expresiones propias de diferentes localidades. También participaron la Escuela de Innovación Pública de Bogotá, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, ONU-Hábitat y varias entidades distritales, que compartieron iniciativas relacionadas con la apropiación y el cuidado de la ciudad.
Los talleres plantearon alternativas para transformar prácticas cotidianas relacionadas con el uso del espacio público. Bogotá Cómo Vamos propuso reflexionar sobre el cuidado de la infraestructura del Metro; la Universidad Konrad Lorenz abordó la responsabilidad de recoger los excrementos de las mascotas, y el Laboratorio de Chile desarrolló una metodología participativa para diseñar soluciones a problemáticas urbanas. Por su parte, la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte promovió una conversación sobre identidad, apropiación cultural y sentido de pertenencia.
El encuentro concluyó con un llamado a fortalecer la participación ciudadana y reconocer que la construcción de ciudad involucra tanto a las instituciones como a las comunidades. La Universidad Javeriana fue sede y aliada académica de las jornadas, que permitieron intercambiar conocimientos y experiencias sobre los desafíos urbanos. La Secretaría Distrital de Gobierno destacó la importancia de mantener estos espacios de diálogo para promover comportamientos respetuosos, reconocer las memorias de los territorios y consolidar una relación colectiva de cuidado con Bogotá.
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