El terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto dejó afectaciones en diferentes municipios de Colombia y activó jornadas de apoyo comunitario en varias regiones. En medio de la atención y recuperación, motociclistas y clubes han puesto sus vehículos y su tiempo al servicio de las familias afectadas, especialmente para movilizar ayudas y facilitar labores logísticas. Ante este escenario, Movemos Colombia llamó la atención sobre la necesidad de combinar solidaridad, responsabilidad y seguridad al desplazarse por zonas afectadas.
En San José, Caldas, una jornada solidaria reunió a motociclistas, empresas, organizaciones sociales, creadores de contenido y autoridades para acompañar a la comunidad. Cerca de 30 a 40 motociclistas participaron en la entrega de mercados, agua y frazadas, además de realizar aportes económicos y promover el consumo en establecimientos comerciales del municipio. La iniciativa mostró cómo la movilidad puede convertirse en una herramienta para atender necesidades inmediatas y, simultáneamente, contribuir a la reactivación económica de territorios afectados.
En Quibdó, la solidaridad también surgió desde la propia comunidad. Un grupo de jóvenes conocido como Los Bárbaros puso sus motocicletas y su tiempo al servicio de las familias afectadas, participando en la recepción y descarga de vehículos que transportaban ayudas humanitarias. Estas labores permitieron agilizar la llegada de alimentos, elementos básicos y otros recursos destinados a la población damnificada. Los casos de San José y Quibdó evidencian el papel que pueden desempeñar los motociclistas durante una emergencia.
“En una emergencia, contar con medios de transporte ágiles puede ser determinante para mantener conectadas a las comunidades y facilitar el traslado de ayudas y suministros”, afirmó Iván Darío García, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI. El directivo advirtió que ayudar también exige seguridad. Una motocicleta puede contribuir en corredores de difícil acceso cuando las condiciones lo permiten, siempre que se respeten las indicaciones de las autoridades y no se asuman riesgos innecesarios.
En muchas zonas rurales del país, la motocicleta constituye una herramienta fundamental para conectar comunidades y municipios, facilitar actividades comerciales y laborales, y permitir el acceso a diferentes servicios. Después de un fenómeno natural, esa capacidad de movilidad puede adquirir mayor importancia, pero también enfrenta condiciones distintas a las habituales. Grietas, escombros, maquinaria, personal trabajando y cambios en la superficie pueden convertir una ruta conocida en un trayecto de riesgo, por lo que la planificación resulta fundamental antes de emprender cualquier recorrido.
Movemos Colombia plantea 5 recomendaciones para los motociclistas que deban desplazarse por zonas afectadas o de difícil acceso. La primera es utilizar siempre casco certificado y elementos de protección adecuados. La segunda consiste en moderar la velocidad, aumentar la distancia con otros vehículos y evitar maniobras bruscas. La tercera recomienda no atravesar grietas, escombros o charcos cuya profundidad y estabilidad no puedan determinarse. También se pide respetar maquinaria y equipos de emergencia y consultar previamente el estado de las vías.
La organización recomienda verificar las condiciones de las rutas mediante fuentes oficiales antes de salir y durante el trayecto. Si aparece un tramo inseguro o bloqueado, la indicación es detenerse en un lugar seguro y evitar vías improvisadas o zonas restringidas. Estas precauciones adquieren especial importancia durante trabajos de rescate, remoción de escombros o reparación de carreteras, escenarios en los que la presencia de maquinaria y equipos de atención requiere reducir la velocidad, mantener distancia y seguir las instrucciones del personal encargado.
La recuperación de una vía después de una emergencia no significa solamente permitir nuevamente el paso de vehículos. También significa facilitar que las comunidades recuperen actividades esenciales, como acceder a servicios, movilizar productos, regresar al trabajo, visitar familiares y reactivar negocios. En ese proceso, motociclistas, clubes, transportadores y asociaciones pueden convertirse en aliados para movilizar ayudas y conectar territorios. Como concluyó García, “volver seguros también es ayudar”: la solidaridad alcanza su propósito cuando quienes ayudan protegen también su propia integridad.
