La miopía dejó de ser vista únicamente como una dificultad para enfocar objetos lejanos y empieza a representar un desafío de salud visual, especialmente cuando aparece durante la infancia y progresa sin seguimiento clínico. Proyecciones de la Organización Mundial de la Salud estiman que para 2050 cerca de 4.900 millones de personas, equivalentes a la mitad de la población mundial, podrían presentar esta condición. En Colombia, estimaciones clínicas sitúan actualmente su presencia entre el 20 % y el 30 % de la población.
El problema adquiere mayor dimensión cuando la miopía avanza hasta niveles altos, definidos por una fórmula superior a -6 dioptrías. Esta condición puede incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades oculares complejas durante la adultez, entre ellas desprendimiento de retina, glaucoma, cataratas prematuras y maculopatía miópica. La aparición cada vez más temprana también preocupa a especialistas, debido a que los menores tienen más años para experimentar una progresión que puede comprometer las estructuras internas del ojo.
Entre los factores asociados al aumento de la miopía aparecen las rutinas contemporáneas, marcadas por el uso frecuente de celulares, computadores y tabletas y por una permanencia prolongada en espacios interiores. Mavel Cárdenas, optómetra de pediatría de Ópticas Keralty, explicó que el esfuerzo visual sostenido en distancias cortas puede estimular un crecimiento excesivo del ojo. Además, la exposición prolongada a pantallas reduce el parpadeo y favorece fatiga ocular, sequedad y dolores de cabeza.
El seguimiento desde edades tempranas constituye una de las principales herramientas para contener la progresión. Un examen visual completo permite detectar alteraciones y establecer controles adecuados antes de que aparezcan complicaciones. Para los niños en edad escolar, entre 6 y 18 años, se recomienda una valoración anual, mientras que en adultos puede realizarse cada uno o dos años. Después de los 40 años, el control debería intensificarse y realizarse con frecuencia anual.
El manejo de la miopía contempla distintas alternativas según la edad, la evolución de la fórmula y las características de cada paciente. Las gafas correctoras y los lentes de contacto continúan entre las opciones habituales, mientras que en población infantil existen estrategias de control como la ortoqueratología, los lentes con desenfoque periférico y la atropina en baja concentración. En adultos con una fórmula estabilizada también puede considerarse la cirugía refractiva con láser para remodelar permanentemente la córnea.
Los hábitos cotidianos pueden contribuir a disminuir el impacto del esfuerzo visual. La regla 20-20-20 propone que, cada 20 minutos frente a una pantalla, se descanse la mirada durante 20 segundos observando un objeto situado a 20 pies, aproximadamente 6 metros. También se aconseja mantener libros, textos y dispositivos entre 30 y 40 centímetros de los ojos. En el caso de los niños, se recomienda permanecer entre 90 minutos y dos horas diarias al aire libre.
El abordaje preventivo también incorpora herramientas tecnológicas y trabajo coordinado entre diferentes profesionales. En la Clínica Óptica Keralty VisionIA, optómetras y oftalmólogos desarrollan una atención multidisciplinaria apoyada en tecnología diagnóstica para evaluar la longitud axial del ojo y la salud retinal. La institución también señala el uso de inteligencia artificial para favorecer la detección temprana y realizar seguimientos personalizados, además de programas de tamizaje visual infantil vinculados con la atención pediátrica.
Controlar la miopía implica intervenir antes de que la pérdida de nitidez se convierta en un problema mayor. La combinación de controles periódicos, hábitos visuales saludables, mayor exposición al aire libre y protocolos clínicos permite identificar tempranamente cambios que podrían evolucionar hacia formas de mayor riesgo. El cuidado debe involucrar a familias, colegios y adultos, especialmente en contextos de uso intensivo de pantallas. La prevención visual, en ese sentido, busca preservar autonomía y calidad de vida.
