El Ministerio de Agricultura puso en marcha una nueva agenda de cooperación internacional con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, con una meta definida hacia 2030: sacar de la pobreza a millones de pequeños y medianos productores y convertirlos en empresarios rurales rentables, productivos y competitivos. La estrategia busca enfrentar las brechas que todavía limitan al campo colombiano mediante herramientas de conocimiento, innovación, financiación y acceso efectivo a mercados nacionales e internacionales.
La iniciativa tomó forma tras una reunión entre el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond Baquero, y el director general del IICA, Muhammad Ibrahim, en la que se definieron prioridades para la cooperación técnica. La agenda contempla trabajo conjunto en ciencia, tecnología, comercio, sanidad agropecuaria y acceso a capital, considerados elementos esenciales para elevar la productividad rural. El propósito es que los productores dispongan de capacidades y condiciones que les permitan competir con mayor fortaleza en los mercados.
El planteamiento parte de una dificultad estructural: numerosos pequeños y medianos productores enfrentan obstáculos para aumentar sus rendimientos, acceder a financiación, incorporar tecnología y vender en condiciones favorables. Frente a ese escenario, la cooperación internacional pretende trasladar conocimiento especializado al territorio y facilitar herramientas que puedan convertirse en resultados económicos. La apuesta apunta a que la actividad agropecuaria deje de estar asociada únicamente con subsistencia y avance hacia modelos empresariales sostenibles para las familias rurales.
La ciencia y la tecnología ocupan un lugar central en la estrategia, porque mejorar la productividad requiere incorporar conocimiento, innovación y soluciones adaptadas a las necesidades de cada territorio. A esto se suma el componente sanitario, determinante para garantizar condiciones de producción y comercialización. El fortalecimiento de estos frentes puede facilitar el cumplimiento de requisitos, ampliar oportunidades comerciales y mejorar la competitividad de productos colombianos que buscan llegar a mercados con mayores exigencias y mejores posibilidades de generación de ingresos.
El acceso a capital aparece como otro de los pilares de la agenda. Sin recursos suficientes, la incorporación de tecnología, la mejora de procesos productivos y la expansión hacia nuevos mercados encuentran límites difíciles de superar. La cooperación busca contribuir a cerrar esa brecha mediante herramientas y conocimiento que permitan fortalecer las capacidades económicas de los productores. El objetivo es crear condiciones para que las unidades productivas rurales puedan crecer, generar empleo y convertirse en negocios capaces de sostenerse en el tiempo.
El ministro Indalecio Dangond Baquero resumió la orientación de la estrategia al señalar: “El campo colombiano no necesita más discursos: necesita productividad, tecnología, financiación y mercados”. La declaración refleja una apuesta por resultados concretos y por una transformación de las condiciones económicas del productor. Según el jefe de la cartera, el reto consiste en convertir a millones de pequeños y medianos productores en emprendedores rentables y competitivos mediante conocimiento y cooperación internacional aplicados directamente al campo colombiano.
La alianza con el IICA se incorpora a la estrategia del Ministerio de Agricultura para transformar las condiciones productivas del campo y ampliar las oportunidades de las familias rurales. El enfoque también contempla una dimensión generacional, al buscar que los jóvenes encuentren alternativas económicas en las actividades agropecuarias. Más productividad, mayores ingresos y empleo rural forman parte de una visión que pretende recuperar el atractivo empresarial del campo y convertirlo en una fuente de crecimiento para la economía colombiana.
Con horizonte en 2030, la nueva agenda internacional plantea un desafío de gran escala: transformar las capacidades de millones de productores para que puedan participar en mercados más competitivos y obtener mejores ingresos. El trabajo con el IICA abre un espacio para combinar experiencia internacional, conocimiento técnico y prioridades nacionales. La meta será medir esa cooperación por sus efectos sobre productividad, rentabilidad, empleo y oportunidades territoriales, de modo que el campo pueda consolidarse como un sector productivo con mayor capacidad empresarial.
