Los colombianos del 11S: 19 vidas perdidas y una historia de supervivencia que llegó a la pantalla

 

Entre las casi 3,000 víctimas mortales que dejaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 hubo 19 ciudadanos colombianos, hombres y mujeres que, como cientos de miles de compatriotas, habían migrado a Nueva York en busca de mejores oportunidades y terminaron atrapados en la tragedia que marcó a Estados Unidos. Veinticinco años después, sus nombres siguen apareciendo en los registros oficiales de víctimas y en los homenajes que cada año recuerdan a quienes trabajaban, estudiaban o simplemente hacían su vida cotidiana en el World Trade Center y en los vuelos secuestrados aquella mañana.

La lista de connacionales fallecidos incluye a Alejandro Castaño Henao, de 35 años, hijo de inmigrantes colombianos, quien murió mientras hacía una entrega de suministros de oficina para la empresa Empire Distribution en las Torres Gemelas; a Pedro Francisco Checho, de 35 años; a Sharon Cristina Millán, de 33; a Rafael Humberto Santos, de 42; a Hernando Salas, un cartagenero de 71 años que llevaba décadas radicado en Nueva York; a Gloria Nieves, de 48; a Carlos Mario Muñoz, de 43, que se había casado apenas dos meses antes del atentado, y a César Augusto Murillo, de 32 años.

Otros colombianos fallecidos trabajaban en oficios ligados directamente a la operación diaria del complejo del World Trade Center. Sonia Ortiz, de 56 años, había llegado a Nueva York en 1971 y comenzó como aseadora en las torres antes de convertirse en operadora del ascensor que conectaba el lobby con el restaurante Windows on the World, en el piso 103. Wílder Alfredo Gómez, barman de 38 años oriundo del Valle del Cauca y padre de cuatro hijos, murió junto a su compañero de trabajo Carlos Mario Muñoz en ese mismo restaurante, uno de los más reconocidos de la ciudad y ubicado en los pisos más altos de la Torre Norte.

También perdieron la vida Luis Eduardo Torres, de 31 años, quien había llegado a Nueva York a finales de los años ochenta con el sueño de trabajar en Wall Street y que, apenas en su segundo día como corredor de la firma Cantor Fitzgerald, murió en el ataque; Arcelia Castillo, quien sostenía dos empleos para sacar adelante a sus dos hijos mientras estudiaba contabilidad en las noches; y los hermanos de apellido Montoya, Carlos Alberto y Antonio, uno bogotano y otro paisa, que figuran entre los nombres colombianos grabados en el memorial de Nueva York.

Uno de los casos más recordados es el de Carlos Alberto Montoya Londoño, piloto comercial bogotano de 35 años, quien viajaba como pasajero en el vuelo 11 de American Airlines, el primero de los cuatro aviones secuestrados, que se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center. Su historia, la de un aviador colombiano que murió a bordo de la aeronave que abrió la secuencia de ataques, se convirtió en una de las narrativas más citadas por los medios colombianos en cada aniversario, por la dolorosa coincidencia entre su profesión y la forma en que perdió la vida.

Completan la lista de las 19 víctimas colombianas nombres como Víctor Hugo Paz, Carlos Cortés Rodríguez, Anny Correa, Milton Bustillo y Adriana, entre otros connacionales que trabajaban en distintas oficinas y comercios del complejo o que se encontraban de paso aquella mañana. Sus historias, documentadas por medios como El Tiempo, Infobae y BluRadio en distintos aniversarios, retratan un patrón común: familias migrantes que llegaron a Nueva York buscando el llamado sueño americano y que, en cuestión de minutos, quedaron divididas entre el duelo en Colombia y el vacío que dejaron sus seres queridos en Estados Unidos.

La historia de supervivencia más conocida entre los colombianos del 11S es la de Will Jimeno, un agente de la Policía de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey nacido en Barranquilla, que emigró a Estados Unidos siendo niño. Aquella mañana, con 33 años, patrullaba cerca de la terminal de buses de la Autoridad Portuaria, a pocas cuadras del World Trade Center, cuando fue enviado junto a un pequeño equipo, liderado por el sargento John McLoughlin, para ingresar a las torres y ayudar en la evacuación de heridos.

Cuando la Torre Norte colapsó sobre el lobby donde se encontraban, Jimeno quedó atrapado bajo toneladas de concreto y acero, con las piernas inmovilizadas por los escombros, mientras sus compañeros Antonio Rodrigues y Dominick Pezzulo morían junto a él. Durante trece horas, en completa oscuridad y rodeado de fuego y humo, Jimeno se mantuvo con vida hablando constantemente con McLoughlin, también atrapado, y pensando en su esposa Allison, su hija Bianca de cuatro años y en Olivia, la bebé que estaba por nacer, hasta que finalmente equipos de rescate y marines lograron ubicarlo y retirar los escombros que lo aprisionaban.

El rescate de Jimeno y McLoughlin, dos de los últimos sobrevivientes hallados con vida entre las ruinas del World Trade Center, inspiró la película "World Trade Center", dirigida por Oliver Stone y estrenada en 2006, en la que el actor Michael Peña interpretó al policía colombiano. Jimeno debió retirarse de la fuerza policial debido a las lesiones físicas sufridas aquel día y enfrentó durante años un trastorno de estrés postraumático, una experiencia que, según ha contado en entrevistas recientes con motivo del 25 aniversario, transformó por completo su relación con el trabajo que soñaba desde niño y con su propia salud mental.

A 25 años de los atentados, la memoria de los colombianos del 11S se mantiene viva tanto en el dolor de sus familias como en el testimonio de quienes, como Will Jimeno, sobrevivieron para contarlo. El gobierno de Colombia mantiene un registro oficial de los connacionales fallecidos en Estados Unidos aquel día, y cada aniversario medios colombianos recuperan sus historias individuales, recordando que el 11 de septiembre de 2001 no solo golpeó símbolos financieros y militares estadounidenses, sino que también dejó una huella profunda y duradera entre la comunidad de inmigrantes colombianos en Nueva York.

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