Colombia enfrenta el desafío de hablar de salud sexual sin tabúes

 

La salud sexual continúa siendo un asunto rodeado de silencios, mitos y vergüenza, una situación que puede retrasar diagnósticos, tratamientos y decisiones informadas. En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, especialistas llaman a comprenderla como parte del bienestar integral y no únicamente como ausencia de enfermedad. El reto adquiere especial importancia entre adolescentes y jóvenes, población que enfrenta riesgos relacionados con infecciones de transmisión sexual, embarazos no planeados y falta de información confiable.

La Organización Mundial de la Salud define la salud sexual como un estado de bienestar físico, mental y social relacionado con la sexualidad. Las cifras internacionales muestran la dimensión del desafío: cada día, más de un millón de personas entre 15 y 49 años contraen una infección de transmisión sexual curable. Además, se estiman 374 millones de nuevas infecciones anuales por clamidia, gonorrea, sífilis y tricomoniasis. El panorama incluye también infecciones virales de larga duración que requieren prevención, detección y seguimiento.

En Colombia, una de las principales alertas corresponde a la sífilis gestacional y congénita, evento de notificación obligatoria que mantiene al país entre los territorios con mayores prevalencias de América Latina y el Caribe. La situación resulta especialmente relevante porque se trata de una infección prevenible y curable mediante diagnóstico y tratamiento oportunos. Según la Organización Panamericana de la Salud, las Américas concentran cerca del 42 % de los nuevos casos de sífilis registrados mundialmente, lo que evidencia la magnitud regional.

El VIH representa otro desafío para las autoridades sanitarias. Según el Instituto Nacional de Salud, durante 2024 se diagnosticaron cerca de 20.000 nuevos casos en Colombia, aproximadamente 55 cada día. Los hombres jóvenes, particularmente quienes tienen entre 20 y 34 años, concentraron más del 80 % de los nuevos diagnósticos. A este panorama se suman otras infecciones cuya notificación ha aumentado, entre ellas sífilis, hepatitis B y C, gonorrea y clamidia, muchas prevenibles y varias curables.

El riesgo no se limita a las infecciones. Las relaciones sexuales sin protección también pueden derivar en embarazos no planeados, mientras la falta de información favorece la circulación de mitos y prácticas sin respaldo. La violencia sexual y las relaciones sin consentimiento constituyen otra dimensión crítica, especialmente cuando involucran a niñas, niños y adolescentes. Por ello, la educación debe abordar protección, consentimiento, respeto, comunicación y capacidad para tomar decisiones informadas sobre el propio cuerpo y las relaciones.

Aunque algunas infecciones permanecen asintomáticas durante sus primeras etapas, existen señales que requieren valoración médica. Secreciones inusuales, ardor o dolor al orinar, lesiones, llagas o verrugas genitales, molestias durante las relaciones sexuales y sangrados irregulares son manifestaciones que no deberían ignorarse. La recomendación de los especialistas es consultar oportunamente y evitar la vergüenza como barrera para recibir atención. Detectar una infección a tiempo permite iniciar el tratamiento correspondiente y reducir potenciales complicaciones posteriores.

Alejandro Rivas, gerente de la Red Médica de emi Falck y Faculty del Centro de Entrenamiento CEMI para Colombia de la American Heart Association, destacó la importancia de abordar la salud sexual desde la prevención. “La salud sexual debe cuidarse como cualquier otra área de la salud: con prevención, tamizaje y consulta oportuna”, afirmó. El especialista señaló además que muchas infecciones y embarazos no planeados pueden prevenirse cuando las personas cuentan con información adecuada y acceden a servicios de salud sin estigmas.

El llamado durante esta jornada apunta a convertir la conversación sobre sexualidad en una práctica cotidiana, especialmente dentro de las familias, instituciones educativas y servicios de salud. El uso de métodos de protección, los controles periódicos, el acceso a pruebas de tamizaje y la búsqueda de información en fuentes confiables hacen parte de esa responsabilidad. Para niñas, niños y adolescentes, enseñar consentimiento y proteger sus derechos resulta esencial. Hablar sin prejuicios puede ser, precisamente, el primer paso para actuar a tiempo.

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