Bogotá abrió el XV Festival Internacional de Música Sacra con la Concordia como eje

 

Bogotá abrió la edición XV del Festival Internacional de Música Sacra con un programa que puso la concordia como eje artístico y espiritual. El concierto inaugural, realizado el 4 de septiembre en el Teatro Colón, reunió a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, el Coro Nacional de Colombia y la violinista estadounidense Rachel Barton Pine. Bajo la dirección del maestro Tomàs Grau, la jornada combinó repertorio romántico, tradición religiosa y creación contemporánea en una propuesta orientada al encuentro entre culturas, generaciones y distintas sonoridades.

Uno de los momentos centrales fue el estreno mundial de Missa pro Vita et Concordia, del compositor francés Julien Faure, obra comisionada por el festival. Interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y el Coro Nacional de Colombia, la pieza planteó una reflexión sobre la vida, la reconciliación y la convivencia. Su incorporación al programa convirtió la inauguración en un espacio para presentar una creación contemporánea vinculada con el concepto de Concordia que orienta esta edición y con la capacidad de la música para construir puentes.

La obra de Faure tiene además una historia creativa que se extendió durante más de una década. El compositor comenzó a escribirla alrededor del nacimiento de su hijo y retomó el proceso hasta completarla durante 2026, antes de su presentación en Bogotá. La pieza también encuentra inspiración en la Navidad, entendida como un periodo asociado con el nacimiento, la familia y el encuentro. Desde esa perspectiva, la composición propone trasladar al lenguaje musical una reflexión sobre la unión y la posibilidad de reencontrarse como sociedad.

El programa inaugural comenzó con Kol Nidrei, de Max Bruch, una composición inspirada en una de las plegarias más significativas de la tradición judía. Posteriormente, Rachel Barton Pine interpretó el Concierto para violín n.º 1 del mismo compositor, una de las obras destacadas del repertorio romántico. La participación de la violinista estadounidense aportó una dimensión internacional a la apertura del festival. Pine obtuvo en 1992 la Medalla de Oro del Concurso Internacional J. S. Bach de Leipzig, cuando se convirtió en la estadounidense más joven en recibirla.

La combinación de repertorios permitió establecer un diálogo entre épocas, tradiciones y lenguajes musicales. Las obras de Bruch, vinculadas con una tradición europea del siglo XIX, compartieron programa con una composición contemporánea concebida desde preocupaciones relacionadas con la vida, la reconciliación y la convivencia. El festival planteó así una apertura que no se limitó a presentar diferentes autores, sino que utilizó sus obras para construir una conversación artística alrededor de la Concordia, concepto central de esta XV edición.

El estreno de Missa pro Vita et Concordia también representó un punto de encuentro entre instituciones y artistas nacionales e internacionales. La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y el Coro Nacional de Colombia asumieron la interpretación de una obra concebida específicamente para esta ocasión, mientras Tomàs Grau estuvo al frente de la dirección musical. La presencia de Rachel Barton Pine completó un programa que articuló creación contemporánea y repertorio consagrado, dentro de la programación con la que el festival celebra sus 15 años de trayectoria.

La propuesta artística buscó que el concierto inaugural trascendiera la presentación de un repertorio y funcionara como una reflexión sobre el encuentro. La organización señaló que la música puede tender puentes, fomentar el entendimiento y alimentar la esperanza, principios asociados con la idea de concordia. En ese marco, el Teatro Colón se convirtió en el escenario para reunir expresiones vinculadas con distintas tradiciones espirituales y musicales, en una programación que conectó creación contemporánea, repertorio clásico y participación internacional.

Con esta apertura, el XV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá inició una programación construida alrededor de la Concordia y del diálogo entre diferentes tradiciones. El estreno mundial de Faure quedó como uno de los acontecimientos principales de la jornada, acompañado por las interpretaciones de Bruch a cargo de Rachel Barton Pine y por la participación de los principales cuerpos musicales nacionales. La inauguración reafirmó así el propósito del festival de utilizar la música como espacio de encuentro, reflexión y construcción de vínculos. 

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