El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo presentó una ambiciosa transformación del modelo de zonas francas en Colombia, integrando a la Economía Popular como eje central del desarrollo productivo. Con 112 zonas operando actualmente, el país ha logrado atraer inversiones superiores a los $57 billones y consolidar más de 198.415 empleos. Esta nueva visión busca que estos espacios trasciendan la simple atracción de capital extranjero, convirtiéndose en plataformas de integración territorial y crecimiento para pequeños productores nacionales.
El Foro Nacional de Zonas Francas 2026 fue el escenario donde se oficializó esta estrategia, impulsada por el Decreto 1317 de 2025. Este marco normativo permite, por primera vez, que asociaciones campesinas y unidades productivas locales participen activamente dentro del régimen franco. Durante el evento, cerca de 80 unidades productivas establecieron alianzas estratégicas con grandes empresarios y operadores, materializando el objetivo gubernamental de conectar el campo colombiano con las cadenas globales de valor.
La ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Marcela Morales Rojas, subrayó la importancia de esta sinergia para la prosperidad nacional. Según la jefa de cartera, la meta es construir un ecosistema donde la inversión, la reindustrialización y el bienestar de los sectores populares avancen de manera articulada. El balance del último año respalda esta confianza empresarial, con la creación de 10 nuevas zonas francas y la autorización de 53 prórrogas que suman inversiones comprometidas cercanas a los $4 billones.
Un componente vital de esta transformación es la colaboración con la Agencia de Desarrollo Rural. En el marco del foro, 14 asociaciones campesinas de diversos departamentos, que representan a más de 10.000 productores, exhibieron una variada oferta de productos frescos y transformados. Desde arándanos y cacao hasta café y lácteos, estos bienes ya están logrando presencia en mercados internacionales de Asia, Europa y Oriente Medio, demostrando que la agroindustria local posee estándares competitivos globales.
César Augusto Pachón Achury, presidente de la ADR, destacó que este modelo permite cerrar brechas históricas al facilitar el acceso directo de los campesinos a escenarios comerciales de alto nivel. Ejemplos como la asociación RAÍZ Caribe, del departamento de Sucre, evidencian el éxito de estos espacios de articulación. Tras su participación, esta organización logró invitaciones para ferias internacionales de alto impacto como Alimentec 2026 y avanzó en alianzas comerciales con cadenas de distribución de gran envergadura.
La nueva arquitectura del régimen franco contempla también el fortalecimiento institucional en regiones con alto potencial exportador. La articulación con la futura Zona Franca Permanente Especial EP–Caribe Global de Córdoba es prueba de ello, permitiendo que emprendimientos locales se integren a dinámicas empresariales de mayor escala. Estos mecanismos garantizan que el desarrollo tecnológico y la inversión privada se traduzcan en oportunidades concretas de comercialización para los actores que tradicionalmente han permanecido fuera de los circuitos formales.
Con el respaldo de iNNpulsa y Fontur, el Gobierno avanza en la superación de los modelos tradicionales de comercio exterior. Al conectar a las zonas francas con la Economía Popular, el país no solo busca mejorar sus indicadores macroeconómicos, sino fomentar una verdadera democratización de la productividad. El éxito de estos primeros acercamientos demuestra que la inclusión económica es una herramienta potente para la competitividad regional, garantizando que el crecimiento llegue a los territorios más necesitados del país.
En conclusión, las zonas francas colombianas se consolidan como plataformas dinámicas que responden a los desafíos de un mercado moderno y equitativo. La combinación entre inversión privada, apoyo estatal y la fuerza de la agricultura familiar traza una ruta clara para la sostenibilidad del país. Bajo este esquema de colaboración, el sector privado y el Estado demuestran que es posible alcanzar un desarrollo equilibrado, donde la productividad y el bienestar social caminan de la mano.
