Colombia escribió este jueves 23 de julio de 2026 una página inédita en la historia de su sistema judicial. La Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia eligió a las abogadas Paula Andrea Ramírez Barbosa y Emérita del Socorro Mora Insuasty como nuevas magistradas de la Sala Especial de Primera Instancia, con lo que esa sala de juzgamiento quedará conformada por 3 mujeres, convirtiéndose en la primera sala de la Corte Suprema de Justicia integrada exclusivamente por magistradas en la historia del país. La decisión fue calificada por la propia corporación como un reafirmación de su compromiso con la paridad y el fortalecimiento de una administración de justicia más representativa e incluyente.
Ramírez Barbosa ocupará la vacante dejada por el exmagistrado Ariel Augusto Torres Rojas, mientras que Mora Insuasty reemplazará al magistrado Jorge Emilio Caldas Vera, quien culminará su periodo en octubre de 2026. Las dos designaciones completan así la composición de una sala que pasa de ser un espacio mixto a convertirse en un escenario de representación exclusivamente femenina en el máximo tribunal de la jurisdicción ordinaria colombiana, un hecho sin precedentes en la historia de la Corte Suprema desde su fundación.
La Secretaria de la Mujer de Bogotá, Laura Tami, reaccionó a la noticia con un mensaje en su cuenta de la red social X en el que celebró la decisión como un hito para la justicia y la igualdad en Colombia. “Con su llegada, por primera vez, una sala de la Corte Suprema estará integrada exclusivamente por mujeres. Una decisión histórica que fortalece la democracia y nos recuerda que, cuando las mujeres llegan a los espacios donde se toman las decisiones, avanzan las instituciones y avanza el país”, afirmó la funcionaria distrital, extendiendo sus felicitaciones a las dos nuevas magistradas.
La Sala Especial de Primera Instancia de la Corte Suprema de Justicia fue creada mediante el Acto Legislativo 01 de 2018 en el marco del proceso de paz, y tiene la competencia de conocer en única instancia los procesos penales que se adelanten contra aforados constitucionales, es decir, contra congresistas, el fiscal general, ministros y otras altas dignidades del Estado. Que precisamente esa sala, una de las de mayor sensibilidad política en el sistema judicial colombiano, sea la primera en quedar conformada exclusivamente por mujeres, le otorga al hecho una dimensión adicional: no es solo un avance en representación simbólica sino en el ejercicio real del poder judicial en casos de alta trascendencia nacional.
El nombramiento de magistradas en las altas cortes colombianas ha sido históricamente uno de los terrenos más difíciles de paridad de género en el Estado. La Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado han sido instituciones predominantemente masculinas a lo largo de su historia, con avances que han llegado de manera lenta y gradual. La conformación de una sala completamente femenina en la Corte Suprema representa en ese contexto un punto de inflexión que va más allá de un acto administrativo de designación y que interpela al sistema judicial en su conjunto sobre la velocidad de su propia transformación.
El momento en que se produce la designación también tiene su propia carga simbólica. Colombia se encuentra en las últimas semanas del gobierno de Gustavo Petro y a días del inicio de la administración de Abelardo de la Espriella, en un periodo de transición política intensa en el que las instituciones del Estado están siendo observadas con especial atención. Que la Corte Suprema de Justicia haya elegido en ese contexto a 2 magistradas que completan una sala exclusivamente femenina es una señal de que el poder judicial avanza en su propia agenda de transformación con independencia de los ciclos políticos del ejecutivo.
La Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia, integrada por magistrados de todas las salas de la corporación, adoptó la decisión de manera colegiada en el marco de sus competencias constitucionales para la elección de sus propios miembros. El proceso de selección de magistrados de la Corte Suprema se realiza por la misma corporación mediante postulaciones de listas elaboradas por distintas entidades, lo que hace que la elección de Ramírez Barbosa y Mora Insuasty sea el resultado de un proceso interno de la propia justicia y no de una decisión política externa, lo que refuerza el valor institucional del hito alcanzado.
La historia judicial colombiana registrará el 23 de julio de 2026 como la fecha en que por primera vez una sala de la Corte Suprema de Justicia quedó integrada en su totalidad por mujeres. Ese dato, que hoy parece extraordinario, debería con el tiempo volverse ordinario en un país donde las mujeres representan más de la mitad de la población y forman una proporción creciente de los profesionales del derecho. Lo que Paula Andrea Ramírez Barbosa y Emérita del Socorro Mora Insuasty construyen con su designación no es solo una sala: es un precedente que el sistema judicial colombiano tendrá muy difícil ignorar en los años que vienen.
