Hay personas que se conocen por su cargo y otras que se conocen por su corazón. Lorena Angarita, la mujer que hoy suena con fuerza para convertirse en ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en el gobierno electo de Abelardo de la Espriella, pertenece a ese segundo grupo para quienes hemos tenido la fortuna de compartir con ella. No es la dirigente gremial de las noticias, ni la profesional con casi tres décadas en el sector, sino la mujer que, según quienes la conocemos de cerca, ha construido una familia mucho más grande que la suya propia.
Su nombre público está ligado al liderazgo de Red Intercable TV Colombia, gremio que agrupa a cerca de 500 empresas de televisión comunitaria, operadores por suscripción y proveedores de internet regionales, según reportes recientes sobre su hoja de vida. Con más de 25 años de trayectoria en medios y telecomunicaciones, Angarita fue designada en julio de 2026 dentro del equipo de empalme del sector TIC, de cara a la posesión presidencial prevista para el 7 de agosto. Ese perfil técnico y gremial, sin embargo, apenas roza la superficie de quien realmente es esta mujer para quienes la rodeamos a diario.
Pasados los 50 años, Lorena la describimos muchos como una mujer de carácter fuerte, de estilo directo y a veces duro, pero con un corazón que se derrite como chocolate ante la necesidad ajena. Esa combinación, de quienes han hemos compartido con ella, la ha llevado a sacrificar aspectos de su vida personal, como formar una familia propia, hijos o una pareja estable, para dedicarse casi por completo a lo que muchos describen como una vocación de servicio hacia el sector y hacia la gente que trabaja en él.
Ese sacrificio, según su propio entorno cercano, se transformó en otra clase de maternidad: la de cientos de personas que hoy la llaman amiga, colega o mentora en distintos puntos del país, o en mi caso, una segunda madre. Y así es, quienes la conocen aseguran que Lorena trata a sus allegados como una madre trata a sus hijos, con regaños cuando hace falta, con consejos oportunos y con una alegría contagiosa que aligera los momentos de mayor tensión dentro de una industria tan exigente como la de las telecomunicaciones, donde la presión regulatoria y comercial rara vez da tregua a quienes la lideran.
Su trabajo la ha llevado a recorrer Colombia no solo desde una pantalla, sino físicamente, hasta regiones apartadas donde ha compartido experiencias culturales y aprendido de las personas que sostienen la conectividad desde las bases. Ese recorrido, contamos quienes la acompañamos, la distancia de la imagen de una industria manejada únicamente desde oficinas en Bogotá o por grandes operadores multinacionales. En su lugar, Lorena representa a un sector con manos colombianas que llevan internet, televisión por cable y telefonía a zonas donde la infraestructura digital todavía es una promesa pendiente.
Esa es, según quienes la conocemos, la verdadera Colombia que Lorena se ha tomado como propia: la de los operadores comunitarios, la de los proveedores regionales de internet y la de los medios alternativos que muchas veces desaparecen de los grandes titulares nacionales. Llamarla madre, dicen algunos de sus allegados incluyéndome, se queda corto frente a lo que realmente representa para tantas personas en el sector, porque su papel ha ido más allá de lo institucional, en un gremio que agrupa a cientos de empresas de telecomunicaciones a lo largo del país.
El carácter fuerte que muchos le atribuyen contrasta, según quienes la conocen, con la mujer afable que emerge cuando se le trata con confianza. Nacida en Bogotá, Lorena creció en los Llanos Orientales, donde compartió con su hermana Lizeth la experiencia de estudiar en un colegio de Puerto López, en el departamento del Meta. Fue allí, cuentan quienes conocen su historia personal, donde creció observando la extensión de la llanura, pero también las carencias de la gente, formando desde temprano la convicción de que su papel en la vida sería servir, más que ser servida.
Su regreso a Bogotá, junto a su familia, la acercó al mundo del entretenimiento y la radio, donde trabajó al lado de figuras como William Vinasco, según su propio relato. Esa etapa, dicen quienes la acompañaron, le permitió entender que detrás de la fama, la audiencia y el negocio de la comunicación existía una oportunidad real para construir tejido social. Con el tiempo, esa intuición la llevaría a asumir cargos de liderazgo gremial en medios comunitarios, un camino que, décadas después, la posiciona hoy como una de las voces más mencionadas para el Ministerio de las TIC.
A lo largo de su carrera, Lorena ha ocupado cargos determinantes en la Federación Colombiana de Sistemas Operadores de Televisión Comunitaria por Cable, conocida como Fescom, un proyecto que con el tiempo derivó en Red Intercable TV Colombia, hoy el principal gremio de operadores de cable comunitario, internet regional y medios alternativos del país. También ha sido coordinadora internacional de los capítulos de Certal, la confederación latinoamericana del sector, y ha participado en la gestión de leyes de telecomunicaciones aprobadas en el Congreso entre 2019 y 2021.
Pero más allá de los cargos, quienes la conocen insisten en hablar de otra Lorena: la que cuida con devoción a su madre, Yolanda, y adora a su hermana y a la familia que ella formó, a quienes trata no como parientes lejanos, sino como el centro mismo de su vida. Aunque su agenda exige una atención casi quirúrgica entre reuniones, viajes y compromisos gremiales, quienes comparten con ella aseguramos que siempre encuentra tiempo para la risa, esa que, dicen, aparece justo en los momentos de mayor estrés para aliviar la tensión de quienes la rodean.
Entre los recuerdos compartidos con ella aparecen ciudades como Cartagena, regiones como los Llanos y Boyacá, y escenarios propios del gremio como Andinalink y Andicom, eventos que reúnen cada año a la industria de las telecomunicaciones de Colombia. También fue candidata al Senado de la República en las elecciones legislativas de 2022, un episodio que forma parte de su trayectoria pública. Quienes coincidieron con ella en esos espacios recuerdan encuentros que buscaban integrar a toda una industria muchas veces invisible para el resto del país, pero decisiva para la conectividad de millones de colombianos en zonas alejadas.
Con la posible llegada al Ministerio de las TIC, Lorena enfrentará el reto de liderar desde una cartera oficial lo que durante años impulsó desde el gremio: el cierre de la brecha digital y el fortalecimiento de los medios comunitarios en las regiones. Para quienes la conocen de cerca, esa transición no cambia la esencia de la mujer que sacrificó buena parte de su vida personal para construir una red de afectos que hoy se extiende por todo el país. Su historia, más allá del cargo que ocupe, sigue siendo la de una mujer que decidió que servir a otros era su forma de construir hogar.
Columna de. Jhonatan Rojas -Director Revista Impacta
Sección
Columnas
