El mercado global de activos tokenizados podría alcanzar entre us14 billones y us16 billones hacia 2030, según estimaciones recientes de Boston Consulting Group. Estas impresionantes cifras equivalen a varias veces el Producto Interno Bruto anual de toda América Latina. Países como Brasil, Argentina, Colombia, Paraguay y Centroamérica construyen actualmente en tiempo real la infraestructura del mercado de capitales del siglo XXI y el reloj ya empezó a correr para los actores financieros.
América Latina históricamente quedó al margen de los flujos de liquidez global no por falta de activos valiosos, sino porque la infraestructura financiera que conectaba el capital internacional con las oportunidades locales resultaba muy costosa, lenta y excluyente. La tokenización cambia radicalmente esa ecuación, permitiendo que un bono emitido en Asunción o en Buenos Aires acceda hoy a la liquidez global con la misma fricción operativa con que una acción tradicional cotiza en un índice internacional regulado.
El mercado global de bonos tokenizados superó los 12.800 millones de dólares en valor onchain en abril de 2026, y las proyecciones apuntan a sobrepasar el billón de dólares en activos de deuda digital hacia 2030. Sin embargo, la historia más relevante ocurre en América Latina, donde reguladores, bancos y emisores corporativos construyen con urgencia y convicción la nueva arquitectura del mercado de capitales para satisfacer las crecientes demandas de los inversores institucionales modernos.
Luis Ayala, director general para América Latina de BitGo, explica esta transformación señalando que la región construye su propia versión del mercado de capitales actual. Los bonos tokenizados representan el presente del mercado institucional, y aquellos países que implementen infraestructura de custodia regulada desde el inicio definirán las reglas del juego. Las instituciones locales no buscan expectativas pasajeras, sino confianza, absoluta transparencia y un riguroso cumplimiento normativo para resguardar sus activos financieros de valor.
En el caso específico de Colombia, el país avanza de forma paralela hacia la formalización progresiva mediante el Registro de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales supervisado por la Superintendencia Financiera. Paralelamente, el Congreso tramita un proyecto de ley integral bajo el principio de misma actividad, mismo riesgo y misma regulación. Entidades bancarias como Bancolombia ya ofrecen servicios con activos digitales, consolidando a la tokenización como un eje central de la agenda institucional en los principales foros económicos nacionales.
Brasil se posiciona como el mercado más avanzado de la región en esta materia tecnológica y financiera. Aunque el proyecto Drex del Banco Central reorientó su foco estratégico, el mercado privado impulsó el crecimiento de los tokens de activos reales por encima de los 1.500 millones de reales en un año. Por su parte, Argentina sorprendió con un régimen de tokenización de la Comisión Nacional de Valores que habilita la representación digital de acciones y obligaciones negociables, mientras Paraguay modernizó su mercado de valores reconociendo activos blockchain.
El avance regulatorio y tecnológico en toda la región confirma firmemente que la demanda institucional de activos digitales no depende de la madurez minorista, sino de la disponibilidad de servicios de custodia segura. Con hitos corporativos clave como la consolidación de BitGo Bank & Trust como banco fiduciario nacional regulado, la industria de infraestructura financiera llega a este momento de expansión regional con los estándares de solidez que los mercados emergentes exigen a sus socios comerciales en la actualidad.
Garantizar una infraestructura digital robusta, transparente y alineada con los estándares internacionales asegura que la tokenización de deuda se convierta en la respuesta definitiva contra las fricciones históricas de la región. Los emisores corporativos y los gestores de activos latinoamericanos disponen ahora de herramientas tecnológicas seguras para conectar sus economías con los flujos de capital global. La tokenización institucional consolida así un modelo financiero ágil, competitivo y preparado para liderar el desarrollo económico durante la próxima década.
