Un grupo de jóvenes de seis regiones del país culminó con éxito su formación en la primera cohorte del Servicio Social para la Paz, una alternativa civil al servicio militar obligatorio. La iniciativa permitió que los participantes sirvieran a la nación a través de la educación, el trabajo comunitario y la protección del patrimonio cultural. En la Escuela Taller de Bogotá, 12 jóvenes recibieron su certificación como Vigías del Patrimonio Material e Inmaterial de la Nación.
La ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani, presidió la ceremonia y destacó que este programa representa una apuesta fundamental por la libertad de las juventudes. Según la funcionaria, la posibilidad de elegir un futuro ajeno al conflicto armado es un paso clave para la transformación social. El Servicio Social para la Paz busca, por el contrario, que los jóvenes tengan opciones reales de desarrollo humano y profesional.
Luis Esteban Moreno, uno de los jóvenes certificados, compartió su experiencia tras culminar el proceso. A sus 24 años, resaltó que el programa le permitió descubrir una vocación de servicio basada en el trabajo colectivo y la construcción de país, alejándose de la posibilidad de empuñar un arma. Su testimonio refleja el impacto profundo de esta alternativa, que ha logrado transformar la perspectiva de vida de los participantes en sus respectivos territorios.
Esta primera cohorte se implementó en las Escuelas Taller de Bogotá, Buenaventura, Cali, Cartagena, Puerto Tejada y Quibdó. De los 970 jóvenes que inicialmente mostraron interés, 108 fueron seleccionados y 79 lograron finalizar el proceso. La tasa de permanencia del 73 % es un logro significativo, considerando los desafíos sociales, económicos y tecnológicos que enfrentan los jóvenes en las zonas priorizadas por el Ministerio para este tipo de intervenciones integrales.
Durante un año, los promotores recibieron formación certificada en alianza con el SENA y la Escuela Superior de Administración Pública. Los contenidos incluyeron temas como cultura de paz, liderazgo, gestión comunitaria, comunicación asertiva y resolución de conflictos. Asimismo, el programa integró saberes locales y oficios tradicionales, como construcción y restauración en Bogotá, turismo cultural en Buenaventura, jardinería en Cali y Cartagena, y cocina tradicional en Quibdó, fortaleciendo la identidad regional.
La ceremonia de cierre en Bogotá incluyó espacios de diálogo, la proyección de un audiovisual sobre el año de trabajo y un acto simbólico denominado ‘El legado que dejamos’. En este encuentro, los participantes reafirmaron su compromiso de seguir aportando al cuidado de los bienes comunes desde la memoria, la educación y la cultura. La jornada sirvió como un reconocimiento público a la dedicación de quienes optaron por la construcción de paz.
El Ministerio de las Culturas reafirmó que el Servicio Social para la Paz trasciende la figura de una alternativa militar. La entidad sostiene que los jóvenes son los verdaderos protagonistas de la transformación social, capaces de edificar un país sin armas mediante herramientas de conocimiento y solidaridad. Esta apuesta busca consolidar un modelo de servicio donde la cultura y el patrimonio funcionen como motores para fortalecer los vínculos y la convivencia comunitaria nacional.
Para concluir esta etapa, las Escuelas Taller realizarán encuentros adicionales en Quibdó, Buenaventura, Puerto Tejada, Cali y Cartagena durante el mes de julio. Estos eventos permitirán la entrega oficial de certificaciones restantes y reconocerán el compromiso de los participantes. Con esta serie de clausuras, se cierra un ciclo formativo que marca un antes y un después en la trayectoria de estos jóvenes promotores que ahora integran una red de paz.
