El Teatro de Garaje de Bogotá fue este sábado 25 de julio de 2026 el escenario de la primera edición de El Club del Disco Market, un evento que reunió en un solo espacio a más de una docena de expositores de tiendas de vinilos, moda musical, accesorios, arte y gastronomía con entrada completamente libre. La jornada demostró que alrededor del disco de vinilo puede construirse todo un ecosistema creativo y comercial, y que la comunidad de melómanos, coleccionistas y emprendedores con identidad musical en Bogotá tiene más vitalidad de la que muchos imaginan. El resultado fue una tarde que combinó la nostalgia analógica con la energía de un mercado cultural contemporáneo y diverso.
El corazón del evento estuvo, naturalmente, en las tiendas de vinilos. Ícaro Vinilos fue uno de los participantes más esperados, una tienda que ha construido su identidad alrededor del coleccionismo musical con vocación analógica y una curaduría que va desde el jazz hasta la música latinoamericana. Su logo, una garza sobre fondo negro con el nombre en círculo, se ha convertido en un símbolo reconocible para quienes frecuentan los mercados de vinilos de la ciudad, y en el Club del Disco confirmó por qué es una de las referencias más sólidas de esa escena en Bogotá.
La Rafroteca del Ritmo llegó con su propuesta centrada en la cumbia, la salsa y los ritmos tropicales colombianos, convirtiéndose en uno de los stands con mayor identidad cultural de la jornada. Su nombre lo dice todo: una tienda que no solo vende vinilos sino que los custodia como si fueran memoria sonora del país, con especial énfasis en los géneros que definieron las pistas de baile de varias generaciones de colombianos. Para los amantes de la salsa y el trópico, La Rafroteca fue parada obligada en el recorrido del evento.
Sonero Colombia aportó una dimensión diferente al universo del vinilo, con una propuesta orientada a la música caribeña y salsera que conecta el coleccionismo con la identidad cultural de las comunidades de bailadores y oyentes de música popular colombiana. Su presencia en el evento reforzó la idea de que el mercado bogotano del vinilo no está dominado únicamente por géneros anglosajones, sino que tiene una raíz latinoamericana profunda que los coleccionistas locales defienden con pasión y rigor.
Disc Connection Music Store, con su identidad visual de fondo amarillo y tipografía retro, es una de las tiendas más reconocidas del circuito vinilero bogotano. Su catálogo amplio, que cubre múltiples géneros y décadas, la convierte en un punto de referencia tanto para el coleccionista experimentado como para el recién iniciado que busca sus primeros discos. Vinyl Voodoo, con su propuesta de diseño minimalista centrada en el disco de vinilo como objeto fetiche, completó la oferta de tiendas generalistas con una curaduría depurada y un ojo estético muy definido.
Para los amantes del rock y el metal, Metal Musick Records fue el stand imprescindible de la jornada. Especialistas en rock y metal, su catálogo abarca desde los grandes clásicos del género hasta ediciones de culto difíciles de encontrar en el mercado regular. Su presencia en El Club del Disco también es una señal de que el evento no fue diseñado para un solo tipo de oyente, sino para la diversidad total de la comunidad vinilera bogotana. ROCKaT Crónicas y Mixage Records completaron la oferta de tiendas de vinilos con propuestas propias que sumaron variedad y profundidad al catálogo disponible durante la jornada.
Onda Brava cerró el lineup de tiendas de vinilos con una propuesta que combina la pasión por el formato analógico con una identidad visual cuidada, reflejada en su logo de ondas de audio sobre fondo blanco. La diversidad de tiendas presentes en este primer Club del Disco es en sí misma un dato revelador: Bogotá tiene una escena vinilera lo suficientemente madura y diversificada como para sostener en un solo evento a nueve tiendas con perfiles distintos, sin que ninguna se sienta redundante frente a las demás.
La propuesta de moda con identidad musical fue uno de los elementos que distinguieron a este evento de un simple mercado de segunda. Piel Vibrante llegó con su apuesta de prendas inspiradas en la cultura musical, con una paleta de colores vibrantes que conecta la música con el diseño textil desde una perspectiva fresca y contemporánea. Ritmo Sonoro y Copy Records también participaron en esta categoría de moda con ritmo, demostrando que la cultura del vinilo ha trascendido el mundo del audio para instalarse en el vestuario y los accesorios cotidianos de quienes la habitan.
Nómada Urbano fue uno de los expositores más versátiles del evento, con su propuesta de morrales y accesorios urbanos que tiene como telón de fondo la estética del rock y la cultura callejera. Su presencia en El Club del Disco no fue accidental: la marca lleva tiempo construyendo una comunidad de seguidores en el cruce entre la música, la moda y la identidad urbana bogotana, y un evento como este era el escenario natural para mostrar esa propuesta ante una audiencia que comparte exactamente esos códigos culturales.
En el universo de los accesorios musicales, Moncoro se destacó con una propuesta de objetos y accesorios para el mundo sonoro con una identidad visual de inspiración nórdica que la distingue dentro del mercado local. GS Percussion, la marca de Gabo Salsero hecha en Bogotá y Colombia, llevó sus instrumentos de percusión al evento, recordando que la música no solo se escucha sino que también se toca, y que el universo de la cultura musical incluye a quienes hacen el sonido, no solo a quienes lo coleccionan. 3D Fine completó la dimensión artística con piezas de arte tridimensional que dialogaron con la estética del coleccionismo musical.
Song Book Magazine aportó la dimensión editorial al evento, con una revista dedicada al universo musical que es en sí misma un objeto de colección para quienes entienden que la cultura del vinilo también se lee, se estudia y se documenta. Su presencia en El Club del Disco refuerza la idea de que este tipo de mercados no son solo espacios de compraventa sino plataformas de divulgación cultural donde el conocimiento musical circula de la misma manera que los discos.
Revista Impacta se suma a esta primera edición de El Club del Disco como medio patrocinador, un respaldo que refleja el compromiso editorial de este medio con las iniciativas culturales independientes que nacen desde la comunidad y para la comunidad. La apuesta de Impacta por acompañar este tipo de eventos no es casual: hace parte de una línea editorial que entiende que la cultura bogotana se construye también en los mercados, los garajes y los espacios alternativos donde los emprendedores creativos encuentran su público de manera directa, sin intermediarios y con la música como lenguaje común.
La oferta gastronómica estuvo a la altura del evento. Guatila Tierra de Sua llevó sus infusiones artesanales, cafés de origen y mates, una propuesta que conecta el territorio colombiano con la experiencia sensorial del evento. Olla y Arte completó la propuesta culinaria con postres y repostería artesanal de tradición casera, en la línea del slow food que entiende la gastronomía como una expresión cultural tan legítima como la música o el diseño. Bruja Roja cerró la oferta de arte con ritmo, aportando una dimensión estética diferente a la jornada.
El Teatro de Garaje como sede fue una elección perfecta para la primera edición de El Club del Disco. Este espacio bogotano ha construido una identidad sólida como escenario de la cultura independiente y alternativa de la ciudad, y su atmósfera de garage convirtió el recorrido entre stands en algo que se sentía más cercano a la experiencia de buscar discos en un mercado de pulgas que a la asepsia de una feria convencional. Esa sensación de descubrimiento espontáneo es exactamente lo que los organizadores buscaban replicar, y la lograron.
El vinilo vive en Bogotá, y El Club del Disco lo demostró con claridad este sábado. La convocatoria reunió a coleccionistas veteranos con décadas de experiencia en la búsqueda de discos raros, jóvenes que se acercan por primera vez al formato analógico atraídos por su calidez sonora, diseñadores que encuentran en la estética del disco una fuente inagotable de inspiración, y emprendedores que han construido marcas enteras alrededor de la identidad musical. Ese cruce generacional y de perfiles fue quizás el logro más significativo de la jornada.
El Club del Disco cerró su primera edición con la convicción de que Bogotá necesitaba un espacio así y que la comunidad vinilera de la ciudad estaba lista para habitarlo. Lo que comenzó como un experimento cultural en el Teatro de Garaje tiene todos los elementos para convertirse en una cita recurrente del calendario cultural bogotano: una propuesta que combina comercio, comunidad y celebración de la música en un formato accesible, diverso y genuinamente construido desde adentro de la escena que pretende representar.
