Era el 7 de junio de 2025. El cielo nublado de Bogotá daba la apariencia de un día cualquiera. En el parque del barrio Modelia, en la localidad de Fontibón, un grupo de seguidores se reunía alrededor de Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial del Centro Democrático. En un punto del discurso, iba a hablar de salud mental. La frase quedó suspendida. Una ráfaga de disparos interrumpió el encuentro, y el país entero quedó conmocionado. Colombia volvió a vivir uno de sus episodios más oscuros: el intento de silenciar una voz política con balas.
Miguel Uribe Turbay nació el 28 de enero de 1986 en Bogotá, hijo de Diana Turbay y Miguel Uribe Londoño. Su madre fue una reconocida periodista que dirigía el noticiero Criptón y fue secuestrada el 30 de agosto de 1990 por Los Extraditables, grupo del Cartel de Medellín liderado por Pablo Escobar. El 25 de enero de 1991, durante un intento de rescate, Diana Turbay fue asesinada.  Miguel tenía apenas 4 años. La tragedia marcaría toda su existencia y, paradójicamente, forjaría su convicción política.
Uribe Turbay estudió en el Colegio Los Nogales, se graduó como abogado de la Universidad de los Andes, realizó una maestría en Políticas Públicas en esa misma universidad y obtuvo un Master en Administración Pública en Harvard University. En 2012 fue elegido concejal de Bogotá por el Partido Liberal y dos años después fue escogido como Presidente del cabildo distrital con 32 de los 45 votos disponibles. Su carrera era ascendente, sólida y construida con convicción propia.
Se desempeñó como Secretario de Gobierno de Bogotá entre 2016 y 2018, durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, y posteriormente llegó al Senado de la República, donde ejerció desde el 20 de julio de 2022 hasta su muerte el 11 de agosto de 2025. Se casó con María Claudia Tarazona en 2016 y tuvieron un hijo llamado Alejandro. Era senador, padre, esposo y candidato presidencial cuando las balas lo alcanzaron en plena plaza pública.
Tres proyectiles impactaron el cuerpo de Miguel Uribe el día del atentado: dos de ellos en la cabeza y uno más en la pierna izquierda. Fue trasladado de urgencia inicialmente en un centro asistencial de Fontibón y posteriormente a la Fundación Santa Fe de Bogotá, donde permaneció durante más de dos meses en recuperación neurológica después de haber sido ingresado con muerte cerebral. Su esposa, María Claudia Tarazona, describió ese período como una experiencia de profundo desgaste emocional, marcada por la incertidumbre diaria y el acompañamiento permanente en la unidad de cuidados intensivos. Colombia aguantó la respiración durante 65 días.
El 11 de agosto de 2025, Uribe Turbay falleció en la Fundación Santa Fe. Por este crimen han sido capturadas varias personas; sin embargo, hasta el momento no se tiene claridad exacta sobre quién ordenó terminar con la vida del político que se proyectaba a ser el candidato del Centro Democrático en los comicios presidenciales.  La estructura detrás del magnicidio se desgranó en nombres y apodos. Carlos Eduardo Mora, alias El Veneco, fue sentenciado a 21 años de prisión por ser quien transportó al ejecutor del atentado. En total, se han logrado nueve personas capturadas hasta el momento.
La Fiscalía señaló a las disidencias de la Segunda Marquetalia como presuntos responsables del crimen. Las autoridades buscan establecer con precisión quiénes financiaron el ataque, quién impartió la orden final y cuál era el propósito político detrás de una acción que fue calificada como un ataque contra la democracia colombiana. El crimen fue perpetrado por un menor de edad, capturado por la Policía el mismo día, quien continúa vinculado al proceso judicial especial para adolescentes. La verdad completa sigue siendo una deuda con Colombia.
Este 7 de junio de 2026, la hermana de Miguel Uribe Turbay, María Carolina Hoyos Turbay, convocó a los colombianos a exhibir la bandera nacional en ventanas y balcones como homenaje a él y a todas las víctimas de la violencia. Un año después del disparo que detuvo su voz, el país lo recuerda como el político que creció huérfano de madre a causa de la violencia y que, décadas después, sucumbió ante esa misma violencia. Su historia no es solo la de un hombre: es el espejo de una Colombia que sigue buscando la paz que le arrebatan sus propias balas.
