El secretario de Gobierno de Bogotá, Gustavo Quintero, publicó un mensaje en X en el que alertó sobre el desplazamiento de aproximadamente 500 integrantes de la comunidad indígena Misak hacia la capital, a bordo de cerca de 23 vehículos entre chivas y otros tipos de transporte que parten desde Piendamó, Cauca. Según el funcionario distrital, el seguimiento al convoy se inició desde las primeras horas de la madrugada, con equipos de gestores ya dispuestos en puntos estratégicos de la ciudad para atender su llegada.
La movilización no es nueva ni espontánea. La comunidad Misak ya realizó una protesta de similares características en mayo de 2026, cuando más de 500 integrantes del resguardo La María llegaron a las instalaciones de la Agencia Nacional de Tierras y la Agencia de Desarrollo Rural, en el Centro Administrativo Nacional, exigiendo respuesta a compromisos que el Gobierno Nacional ha suscrito reiteradamente sin materializar. Lo que resulta significativo en esta ocasión es su “timing”: la movilización llega un día después del resultado de la segunda vuelta presidencial.
El contexto político hace de esta caravana algo más que una protesta de orden público. Según los propios líderes de la comunidad, cuatro años de conversaciones, acuerdos firmados y mesas de diálogo no se han traducido en acciones concretas. El dirigente Luis Enrique Yalanda fue directo en declaraciones anteriores: “Tengo casi que un expediente de acuerdo sobre acuerdo y lo que hoy queremos es saber si hay voluntad política de cumplir o no”. La llegada al día siguiente de la elección de sucesor convierte esa exigencia en un ultimátum simbólico.
Las principales demandas de la comunidad Misak se concentran en tres frentes: garantías de seguridad en sus territorios del Cauca, el cumplimiento de acuerdos territoriales suscritos en mesas previas y la reversa o compensación frente a una resolución de la Agencia Nacional de Tierras que, según la comunidad, les quitaría cerca de 9.500 hectáreas de territorio ancestral protegido bajo el ordenamiento jurídico colombiano. A ello se suma el reclutamiento forzado de menores por grupos armados en el Cauca durante este 2026.
Para el Distrito, la llegada de la caravana activa un protocolo conocido. La Secretaría de Gobierno confirmó que tiene equipos de Diálogo Social, Asuntos Étnicos y Derechos Humanos atentos al arribo final y solicitó al Ministerio del Interior coordinar de manera anticipada los espacios de conversación con la comunidad. La experiencia del 11 de mayo dejó lecciones concretas: en esa jornada quedaron represados al menos 120 vehículos de entidades como el DANE, el Ministerio de Minas y el INVIMA en los alrededores del CAN.
En aquella ocasión, la mesa de diálogo instalada entre la comunidad Misak, la Agencia Nacional de Tierras, el Ministerio del Interior y el Ministerio de Agricultura acordó revisar caso a caso los procesos administrativos pendientes, con énfasis en la ampliación del Resguardo La María y la constitución de resguardo para los cabildos Nasa Chantre y El Edén. Sin embargo, ninguno de esos acuerdos derivó en resoluciones ejecutadas antes del cierre de la jornada electoral del 21 de junio, lo que explica el regreso de la caravana.
La movilización Misak llega en un momento de transición institucional del país. El presidente electo Abelardo de la Espriella tomará posesión el 7 de agosto de 2026, lo que significa que las exigencias de la comunidad recaen, en esta última semana de gobierno, sobre una administración en retirada y, al mismo tiempo, comienzan a interpelar al nuevo mandatario. La comunidad no ha fijado un plazo de permanencia en la ciudad, aunque en movilizaciones anteriores ha manifestado su disposición a sostener el plantón hasta obtener respuestas concretas.
El movimiento Misak tiene una historia larga de presencia en las calles de Bogotá para exigir derechos territoriales, y cada movilización ha generado tensión en el centro de la capital. La diferencia de esta caravana frente a las anteriores es que llega al día siguiente de un cambio de gobierno anunciado, lo que la convierte en el primer pulso entre la movilización indígena y el nuevo ciclo político que empieza. El secretario Quintero fue claro: los gestores están listos para acompañar su presencia temporal en la ciudad.
Sección
Bogota

