Potencial agroindustrial en Colombia: ProColombia promueve la inversión extranjera para expandir el mercado de arándanos

 

Una ambiciosa estrategia económica orientada a posicionar al país como un jugador clave en el mercado de las frutas de alto valor agregado se consolidó este 8 de junio de 2026. El Gobierno nacional, a través de ProColombia, inició una campaña global para atraer inversión extranjera directa hacia la industria del arándano. El plan sectorial busca aprovechar un escenario internacional altamente favorable, donde el comercio global de esta fruta superó la cifra exacta de US$7.300 millones durante el año 2024.

La principal fortaleza competitiva del territorio colombiano radica en su capacidad geográfica para mantener una producción agrícola continua durante los 365 días del año. A diferencia de proveedores tradicionales como Chile, Canadá o España, la ausencia de estaciones climáticas marcadas le permite al país abastecer las góndolas internacionales en épocas de escasez. Las proyecciones de Euromonitor International indican que la demanda en el canal retail escalará de 1,21 millones de toneladas en 2024 a más de 1,8 millones en 2030.

La presidencia de ProColombia, liderada por Carmen Caballero, destacó que los compradores de Norteamérica, Europa y Asia buscan diversificar sus orígenes de suministro para mitigar los riesgos climáticos globales. Las importaciones mundiales del fruto registraron una tasa de crecimiento anual compuesta de 13,7% entre 2020 y 2024, pasando de US4.389 millones a US7.332 millones. Estados Unidos lidera las compras mundiales con una participación equivalente al 33,1%, seguido de cerca por Países Bajos y Alemania.

Los balances de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria confirman que la agroindustria local experimenta una expansión acelerada en sus zonas de labranza. El área formalmente sembrada en el país pasó de 399 hectáreas en 2021 a un total de 907 hectáreas en 2025, reflejando un incremento superior al 127%. En materia de volumen, la recolección física saltó de 2.189 toneladas a más de 6.000 toneladas en el mismo periodo, consolidando nuevas plantaciones en Antioquia, Cauca, Nariño y el Eje Cafetero.

Paradójicamente, el mayor reto logístico de los empresarios no se encuentra en la colocación de la fruta en el exterior, sino en la alta demanda del mercado interno. Actualmente, un aproximado del 95% de la cosecha nacional se destina a satisfacer el consumo local de snacks saludables y productos frescos. Esta dinámica comercial obligó a incrementar las importaciones de arándanos desde el Perú a una tasa compuesta del 196% anual, superando un valor de US$12 millones en 2025.

Aunque las ventas externas de la república totalizaron modestos US3,1 millones en 2025, el portafolio exportador ya registra despachos regulares hacia más de 10 destinos internacionales. La enorme brecha frente a Perú, que exportó US2.269 millones en 2024, es interpretada por los analistas gremiales como una oportunidad de inversión. Los espacios para el capital extranjero abarcan desde la incorporación de genética botánica avanzada hasta la construcción de modernas plantas de empaque térmico automatizado.

El ecosistema empresarial cuenta además con el beneficio de arancel 0% para ingresar a los principales centros de consumo gracias a una sólida red de acuerdos comerciales. La competitividad se complementa con la infraestructura del Aeropuerto El Dorado, que conecta los cargamentos con Miami en menos de 4 horas y con Madrid en menos de 10. Asimismo, las operaciones portuarias de Cartagena, Buenaventura y el próximo Puerto Antioquia garantizan salidas marítimas eficientes desde el interior andino.

La International Blueberry Organization estima que la producción global del fruto superará los 3,18 millones de toneladas para el año 2028, impulsada por hábitos alimenticios saludables. De este modo, el sector agrícola nacional proyecta el cultivo de berries como una de las apuestas más estables para diversificar las exportaciones no minero-energéticas. El ingreso de corporaciones globales dinamizará la transferencia tecnológica, consolidando la economía rural de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca.

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