Las instalaciones del Centro Felicidad Chapinero se transformaron en el escenario oficial de una innovadora propuesta de experimentación creativa y pedagógica de corte distrital. La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte oficializó la apertura de la Exposición Diálogos Impredecibles: Futuros Compartidos desde lo Sensible, una muestra artística abierta de forma gratuita. El evento busca convocar a los residentes urbanos a reflexionar críticamente sobre el porvenir de la capital, examinando temas complejos como la tecnología, las violencias urbanas y la memoria ecológica.
La exhibición es el resultado directo de las misiones de co-creación desarrolladas durante la residencia artística Diálogos Impredecibles, coordinada originalmente por la Escuela de Futuros en 2025. El programa reunió a 9 duplas interdisciplinarias integradas por destacados creadores plásticos e intelectuales del sector académico para plantear interrogantes filosóficas sobre el desarrollo metropolitano. Los visitantes al complejo cultural de Chapinero podrán apreciar 9 piezas artísticas definitivas de martes a domingo, en un horario regular que va desde las 10:00 a.m. hasta las 6:00 p.m.
La variada oferta de la muestra colectiva rompe los esquemas tradicionales de exhibición al incorporar diferentes dispositivos y formatos interactivos de consulta pública. Los recorridos presenciales se complementan con la difusión de 9 microdocumentales que detallan los procesos internos de los autores, 3 videopodcast de debate y ensayos explicativos. Estos materiales lógicos permanecen disponibles para los investigadores a través de los canales virtuales de la plataforma digital oficial de la Escuela de Futuros. Las creaciones emplean soportes diversos que van desde la música rap hasta esculturas moldeadas en barro.
El circuito expositivo arranca con la pieza Danzar: entre el alma y la máquina, un proyecto firmado por la actriz Natalia Reyes y el director de teatro Daniel Ariza. La propuesta analiza los desafíos de la interacción entre los seres humanos y los algoritmos informáticos, buscando descolonizar los datos mediante expresiones corporales locales independientes. Los autores plantean un escenario donde la inteligencia artificial se nutre de movimientos artísticos propios de los territorios de Bogotá, alejándose de los sesgos y cánones occidentales hegemónicos implantados en las interfaces.
Por su parte, el módulo dedicado a la desnaturalización de las violencias urbanas presenta una lectura escénica construida de manera conjunta por las artistas Maia Landaburu y Angélica García, en compañía de la filósofa Laura Quintana. La obra invita a los espectadores a concebir el tejido social como una estructura heterogénea donde los cuerpos sufren los impactos del conflicto cotidiano. La instalación cuestiona severamente las misiones de las entidades institucionales y busca abrir canales colectivos de reparación simbólica y diálogo constructivo frente a los entornos hostiles de las barriadas.
El componente estético popular y de patrimonio sonoro se manifiesta en las obras presentadas por el rapero Santiago Rojas, conocido bajo el alias artístico de El Kalvo, junto al periodista Eduardo Arias. De igual forma, el escritor Andrés Estupiñán y la economista Carmenza Saldías analizan el desarrollo de los barrios desde la óptica de las relaciones familiares de cuidado mutuo. Su enfoque promueve un urbanismo verde donde las huertas vecinales, los grafitis y el hip hop actúan como herramientas de apropiación colectiva frente a la expansión del concreto.
El patrimonio arqueológico y las redes de protección de la biodiversidad local se exponen en las propuestas tridimensionales de Linda Pongutá y el antropólogo Manuel Salge. Su escultura sonora, elaborada con totumos y objetos recuperados del antiguo edificio de Telecom, reinterpreta el significado histórico del control social. Paralelamente, la cantante Lalo Cortés y el docente Omar Rincón exploran los efectos de la posverdad y los medios de comunicación masivos en la identidad de las minorías afrobogotanas de las provincias urbanas.
El cierre de los ejes temáticos aborda la sostenibilidad natural de la sabana mediante el trabajo en cerámica de Felipe Perea y la sabedora inga Lucía Jacanamijoy, quienes crearon un tótem ritual para custodiar semillas tradicionales. Asimismo, el artista Leonel Vásquez y Alejandro Castillejo diseñaron una sesión de escucha del páramo para sensibilizar sobre la coexistencia biológica interespecie. Finalmente, Edgar Álvarez y María Carolina Castillo exponen modelos en plastilina basados en el Plan Decenal de Cultura 2038, proyectando una infraestructura verde accesible en este periodo de 2026.
