En los últimos 50 años, las vacunas han salvado más de 150 millones de vidas en el mundo, lo que equivale a 6 vidas rescatadas cada minuto, y han contribuido a mejorar en un 40% la supervivencia infantil. Sin embargo, las coberturas de vacunación siguen por debajo de la meta del 95% recomendada por la Organización Panamericana de la Salud para prevenir brotes de enfermedades inmunoprevenibles. En las Américas, la cobertura infantil alcanzó el 86% en 2025, mientras Colombia registró alrededor del 89%, cifras insuficientes para garantizar protección colectiva.
Colombia enfrenta consecuencias concretas de esta brecha. Durante 2025 se confirmaron 125 casos de fiebre amarilla y más de 50 fallecidos, y en lo corrido de 2026 ya se han registrado nuevos casos. Uno de los hallazgos más preocupantes es que el 92,8% de los pacientes recientes no tenían antecedente de vacunación, confirmando que la falta de coberturas en inmunización sigue siendo el principal factor de riesgo. A esto se suman alertas por brotes de tosferina y un repunte en los casos asociados al meningococo en 2025, según el Instituto Nacional de Salud.
El doctor Víctor Saravia, gerente médico senior de vacunas de GSK, subrayó el rigor científico que respalda la inmunización. “Las vacunas son el resultado de décadas de investigación científica y pasan por rigurosos procesos de evaluación para soportar su calidad, seguridad y eficacia. Por eso se consideran una herramienta segura y confiable para la prevención de enfermedades”, señaló el especialista, en el contexto de la Semana de la Vacunación de las Américas, un espacio clave para recordar que la inmunización sigue siendo una de las intervenciones de salud pública más efectivas de la historia humana.
Saravia también alertó sobre la situación regional. “Si bien el panorama en nuestro país es ligeramente mejor que en la región, estas cifras reflejan que la vacunación debe seguir siendo una prioridad en salud pública. Aunque la conciencia sobre la vacunación infantil suele ser alta, aún persisten brechas en otras etapas de la vida”, enfatizó el médico. Esta observación señala un cambio en el enfoque necesario: la conversación sobre vacunación no puede limitarse a la infancia sino que debe extenderse a lo largo de todo el ciclo de vida de las personas en cualquier contexto.
A partir de los 50 años, el sistema inmune pierde progresivamente su capacidad de respuesta en un proceso conocido como inmunosenescencia, lo que significa que el organismo responde de forma menos eficiente frente a infecciones, incluso en adultos aparentemente sanos. Este fenómeno se combina con el envejecimiento poblacional: actualmente en las Américas hay 63 personas mayores por cada 100 jóvenes y cerca de 98 millones de personas tienen más de 60 años. Se estima que para 2050 esta cifra alcanzará los 183 millones, representando una cuarta parte de la población regional total.
La vulnerabilidad frente a infecciones no depende únicamente de la edad. Enfermedades crónicas como la diabetes o las condiciones cardiovasculares y respiratorias pueden afectar la respuesta del sistema inmune y aumentar significativamente el riesgo de contraer infecciones graves. Las personas con estas condiciones tienen hasta un 51% más de probabilidad de desarrollar herpes zóster y de presentar complicaciones más severas frente a enfermedades prevenibles. Este dato refuerza la necesidad de mantener esquemas de vacunación completos y actualizados en la adultez, especialmente entre quienes conviven con condiciones crónicas de salud.
La desinformación emerge como uno de los principales obstáculos para alcanzar coberturas adecuadas de vacunación a nivel global y regional. El regreso de enfermedades como el sarampión, consideradas controladas, y el aumento de casos de meningitis por meningococo en países como el Reino Unido son señales de alerta sobre lo que ocurre cuando las coberturas caen por debajo de los umbrales de protección colectiva. “Bajar la guardia frente a la vacunación tiene consecuencias, especialmente en personas con enfermedades crónicas y en la población mayor de 50 años. Cuando disminuyen las coberturas, se abre la puerta al regreso de enfermedades que ya se consideraban controladas”, advirtió Saravia.
La Semana de la Vacunación de las Américas es una oportunidad para recordar que la inmunización es una responsabilidad compartida que trasciende la infancia y abarca toda la vida. Contar con la orientación de profesionales de la salud, acceder a información confiable y contrarrestar la desinformación son los pilares de una estrategia de prevención basada en el autocuidado y la responsabilidad colectiva. Con más de la mitad de los casos recientes de fiebre amarilla en Colombia concentrados en personas no vacunadas, el llamado a actualizar los esquemas de inmunización no es solo una recomendación médica, sino una urgencia de salud pública nacional.
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Salud
