La ciudad de Pasto fue escenario de una masiva jornada política que congregó a más de 6.000 ciudadanos en el Centro de Eventos Andino. Durante el encuentro, que marca un hito en la movilización social del departamento de Nariño este 18 de abril de 2026, los asistentes manifestaron su apoyo a las tesis de defensa institucional y seguridad territorial. El evento fue calificado por los organizadores como una demostración de fuerza civil genuina que busca plantear una alternativa de rumbo para el sur del territorio nacional.
Abelardo De La Espriella, figura central del evento, destacó que la concurrencia masiva se dio de manera voluntaria, sin el uso de maquinarias tradicionales ni incentivos logísticos externos. Ante una audiencia que clamaba por mayores garantías democráticas, el orador enfatizó que el fervor patriótico es el motor necesario para transformar la realidad social del país. La jornada en Nariño se interpretó como el despertar de un sector de la población que exige mayor presencia estatal y el fin de la inseguridad en las zonas rurales.
Durante su intervención, De La Espriella fue enfático al señalar que el departamento no puede seguir bajo el dominio del miedo o las economías ilegales. Analizó la compleja situación de orden público en las subregiones del Pacífico y el Telembí, donde la criminalidad ha desplazado la autoridad legítima del Estado colombiano. El mensaje dirigido a los habitantes de la frontera fue un llamado a la organización civil para evitar que los grupos armados sigan determinando el destino económico y social de las comunidades nariñenses.
Frente al panorama de inestabilidad, se presentó una hoja de ruta técnica enfocada en recuperar el control total del territorio nacional mediante el fortalecimiento de la fuerza pública. La propuesta incluye la reactivación del campo mediante el acceso a créditos blandos, implementación de tecnología de vanguardia y un apoyo real a los pequeños productores agrícolas. La seguridad se plantea como la piedra angular para permitir que la inversión privada regrese a Nariño, generando empleos dignos que sustituyan las rentas ilícitas que actualmente afectan la región.
En materia de infraestructura, el discurso priorizó la ejecución de obras estratégicas que han permanecido estancadas durante años en el sur del país. Se destacó la necesidad de finalizar la doble calzada entre Catambuco y Pasto, así como la vía San Juan–Ipiales para mejorar el comercio binacional. Asimismo, la Variante San Francisco–Mocoa se considera una prioridad para conectar definitivamente a Nariño con la Amazonía y el resto de Colombia, reduciendo sustancialmente los costos logísticos y tiempos de transporte terrestre.
La apuesta programática también incluyó reformas profundas en los sistemas de educación y salud para las poblaciones fronterizas más vulnerables actualmente. El objetivo es evitar que los jóvenes nariñenses tengan que abandonar sus tierras por la falta de oportunidades profesionales o servicios asistenciales básicos de alta calidad. El fortalecimiento de la universidad pública y la creación de centros de salud de nivel superior en los municipios apartados son vistos como pilares fundamentales para garantizar el desarrollo humano integral y la equidad social.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la invitación a los ciudadanos a proyectar un departamento donde el campesino pueda producir con dignidad. La visión de un futuro en paz, donde las vías de comunicación sean eficientes y las familias vivan sin el temor de la violencia, resonó entre los miles de asistentes. Los líderes del movimiento aseguran que el cambio estructural de la nación debe iniciar en los territorios periféricos donde comienza la soberanía nacional frente a los desafíos transnacionales.
Finalmente, el encuentro en Pasto cerró con un compromiso de vigilancia permanente sobre los procesos democráticos y el respeto por las libertades individuales. Los organizadores sostienen que la masiva asistencia es un mandato claro para defender la institucionalidad frente a modelos políticos que consideran perjudiciales para la estabilidad económica. La jornada del 18 de abril simboliza el inicio de una nueva etapa de activismo regional que busca incidir en la agenda nacional, priorizando la seguridad, la infraestructura moderna y la justicia social.
