La salud femenina requiere atención permanente a lo largo de todas las etapas de la vida. En el marco del Día Internacional de la Mujer, especialistas recuerdan la importancia de reconocer señales de alerta que puedan indicar problemas físicos, emocionales o reproductivos. Identificar estos cambios a tiempo permite prevenir enfermedades, reducir riesgos y mejorar la calidad de vida mediante diagnósticos tempranos y tratamientos oportunos.
El bienestar de las mujeres no se limita a la salud reproductiva. También involucra aspectos cardiovasculares, emocionales y sociales que influyen en la calidad de vida. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2025, el 18,2 % de las mujeres en Colombia ha sufrido violencia por parte de su pareja, y en el 71,1 % de los casos estos hechos ocurrieron dentro del hogar.
En la adolescencia y la juventud, uno de los primeros indicadores de alerta se relaciona con cambios en el ciclo menstrual. Sangrados excesivos, periodos irregulares o dolores incapacitantes pueden ser señales de trastornos hormonales o enfermedades ginecológicas que requieren valoración médica. Asimismo, el dolor pélvico persistente no debe normalizarse, ya que podría estar asociado a enfermedades como la endometriosis.
Otro aspecto clave en esta etapa es la educación sexual integral. El inicio temprano de la actividad sexual sin información adecuada puede aumentar el riesgo de infecciones de transmisión sexual y embarazos no planeados. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud indica que el 71,6 % de las mujeres en el país inició relaciones sexuales antes de los 18 años.
Durante la edad reproductiva y el embarazo, la detección temprana de enfermedades es fundamental. El cáncer de mama continúa siendo el tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres colombianas y registra una mortalidad aproximada de 13,3 casos por cada 100.000 mujeres al año. También es esencial mantener controles prenatales completos para reducir riesgos durante el embarazo.
Las cifras muestran que la cobertura de controles prenatales ha disminuido en algunas regiones. Actualmente alcanza cerca del 82,1 % en zonas urbanas y el 76,7 % en áreas rurales. Esta situación puede incrementar riesgos prevenibles tanto para las madres como para los recién nacidos, lo que refuerza la necesidad de fortalecer el acceso oportuno a los servicios de salud.
En la etapa adulta y durante la menopausia, las enfermedades cardiovasculares se convierten en uno de los principales riesgos para las mujeres. Estos problemas suelen manifestarse con síntomas distintos a los de los hombres, por lo que es importante prestar atención a señales como fatiga extrema, dificultad para respirar o dolor en la espalda y el pecho.
Los especialistas recomiendan mantener controles médicos periódicos como parte de la prevención. Los chequeos ginecológicos anuales, las mamografías según indicación médica, los tamizajes para cáncer de cuello uterino y la evaluación del riesgo cardiovascular son herramientas clave para detectar enfermedades a tiempo y promover una vida saludable en todas las etapas.
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Salud
