Dormir mal podría afectar la salud más de lo que se imagina, advierten especialistas

 

En medio de jornadas cada vez más exigentes, especialistas en salud advierten que dormir mal se ha convertido en un problema creciente que impacta la calidad de vida. La aceleración de las rutinas diarias, el uso constante de dispositivos electrónicos y los horarios extendidos han reducido las horas de descanso de millones de personas. Sin embargo, el sueño cumple funciones esenciales para el equilibrio físico y mental del organismo.

Según explica Leonardo Palacios Sánchez, profesor de la Universidad del Rosario y neurólogo adscrito a Colsanitas, el sueño es un proceso biológico indispensable para la vida. El especialista señala que en las últimas décadas se ha normalizado restarle horas al descanso nocturno debido al uso de pantallas, plataformas de streaming y redes sociales.

Durante el sueño el organismo no permanece inactivo. Por el contrario, el cerebro desarrolla una intensa actividad que permite organizar recuerdos, procesar emociones y fortalecer conexiones neuronales. Este proceso también activa mecanismos naturales de depuración cerebral que únicamente se producen durante las fases profundas del descanso nocturno.

Investigaciones científicas han demostrado que la falta de sueño puede favorecer procesos inflamatorios y la acumulación de proteínas asociadas con enfermedades neurodegenerativas. Estas alteraciones pueden afectar funciones cognitivas fundamentales como la memoria, la atención, la capacidad de aprendizaje y la estabilidad emocional.

Uno de los hallazgos más relevantes en el estudio del sueño es el funcionamiento del sistema glinfático, una red encargada de eliminar desechos metabólicos del cerebro mientras dormimos. Cuando las horas de descanso son insuficientes, este mecanismo de limpieza se reduce, lo que puede tener consecuencias a largo plazo en la salud cerebral.

La privación crónica del sueño también se manifiesta en la vida cotidiana. Entre sus efectos más comunes se encuentran la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, el aumento del apetito y la mayor probabilidad de cometer errores en tareas diarias. Además, se ha asociado con un incremento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Los especialistas recomiendan dormir entre siete y nueve horas cada noche para completar los ciclos de descanso necesarios para la recuperación física y mental. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Saluddestacan que una adecuada calidad del sueño fortalece el sistema inmunológico, mejora la estabilidad emocional y favorece el buen funcionamiento del cerebro.

Para mejorar la calidad del descanso, los expertos sugieren adoptar hábitos sencillos como mantener el dormitorio en oscuridad, evitar el uso de pantallas antes de dormir, establecer rutinas nocturnas relajantes y mantener horarios regulares para acostarse y despertarse. Dormir bien, concluyen, no es un lujo, sino una necesidad biológica fundamental para preservar la salud física, mental y emocional.

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