La educación media en Colombia, que comprende los grados 10° y 11°, representa actualmente un desafío crítico para el sistema nacional. Según datos del Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad Icesi, solo el 51% de los adolescentes está matriculado. Además, el 45% de los estudiantes no logra culminar el grado 11° con éxito. Esta situación limita el acceso a la educación superior y reduce las oportunidades de movilidad social.
Alejandra López, gerente de la Alianza para la Transformación de la Educación Media, ATEM, destaca los beneficios de finalizar este nivel. Quienes completan la media obtienen salarios hasta un 28% superiores frente a quienes desertan del sistema. Si acceden a la educación superior, ese ingreso mejora un 16,5% adicional para los jóvenes profesionales. Garantizar trayectorias completas mejora la preparación para el mercado laboral formal y reduce significativamente la pobreza intergeneracional.
La interrupción de esta etapa educativa genera 4 impactos principales que afectan el desarrollo del país a largo plazo. Primero, limita la movilidad social al reforzar el ciclo de pobreza y cerrar el puente hacia la universidad. Esto aumenta la vulnerabilidad frente a riesgos como el consumo de sustancias y el embarazo adolescente. Segundo, sostiene la informalidad laboral obligando a los jóvenes a aceptar empleos precarios sin seguridad social estable.
En Bogotá, el 37% de la juventud queda excluida de oportunidades estables, cifra que supera el 80% en zonas rurales. Tercero, se amplifica la pobreza heredada al impedir que el talento determine el futuro económico de las familias. Cuarto, se trunca la economía nacional al reducir el capital humano calificado necesario para la innovación. Una mano de obra de baja productividad limita la atracción de inversión extranjera directa.
ATEM ha impulsado políticas territoriales en varias regiones logrando resultados positivos en la permanencia escolar de los grados finales. En Atlántico, la deserción se redujo de 2,30% en 2023 a 2,23% durante el año 2024 pasado. En Antioquia, más de 52.000 estudiantes se han beneficiado de procesos de acompañamiento para la transformación curricular. Bucaramanga reporta que el 100% de su matrícula media participa en estrategias que conectan con proyectos vida.
La transformación educativa requiere políticas públicas que garanticen la obligatoriedad de la media con recursos estables y suficientes. Solo un marco normativo sólido asegurará condiciones dignas de aprendizaje para los jóvenes de todos los estratos sociales. Culminar el bachillerato debe dejar de ser un trámite para convertirse en un habilitante esencial del talento. El origen socioeconómico no debería determinar el destino profesional de los colombianos en el siglo 21.
La alianza multisectorial ATEM está conformada por Fundación Corona, Fundación SURA y Fundación Instituto Natura desde el año 2022. También participan aliados territoriales como la Cámara de Comercio de Bucaramanga y la Fundación Scarpetta Gnecco actualmente. A través de evidencia técnica, buscan que los grados 10° y 11° sean una etapa garantizada y pertinente. El fortalecimiento de la educación media es una pieza central para la verdadera equidad nacional.
Finalmente, el Informe Nacional de Competitividad 2025-2026 subraya la urgencia de cerrar las brechas de inversión territorial educativa. Cerca de 1,5 millones de jóvenes permanecen fuera del sistema, lo que representa un desperdicio de talento nacional. La productividad del país depende de la capacidad de retener a los estudiantes hasta su graduación técnica o profesional. Transformar la educación es la única ruta segura hacia un crecimiento económico sostenible y justo.
