UBPD entrega dignamente los restos del sacerdote Camilo Torres tras más de medio siglo de búsqueda

 

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas realizó el 15 de febrero de 2026 la entrega digna del cuerpo del sacerdote Camilo Torres Restrepo, desaparecido en el contexto de las hostilidades de 1966. El acto, de carácter íntimo, reservado y humanitario, se llevó a cabo bajo los principios extrajudiciales y confidenciales que orientan la labor de la entidad, y fue recibido por el sacerdote Javier Giraldo, quien durante décadas impulsó la búsqueda.

El resultado es fruto de más de dos años y medio de investigación interdisciplinaria que permitió reconstruir las circunstancias de la desaparición y ubicar el lugar donde permanecieron los restos. La UBPD determinó que el hallazgo realizado el 19 de junio de 2024 correspondía al sacerdote, tras un proceso técnico que integró información histórica, análisis forense, revisión documental y testimonios recogidos a lo largo de los años.

Según la directora de la Unidad, Luz Janeth Forero Martínez, la identificación se logró mediante un ejercicio de triangulación sin precedentes, que articuló fuentes orales, escritas, públicas y reservadas. Este enfoque permitió conciliar los datos históricos con los hallazgos científicos, fortaleciendo la hipótesis de identidad hasta alcanzar conclusiones consideradas determinantes por expertos nacionales e internacionales que acompañaron el proceso investigativo.

La investigación se remonta a 2019, cuando la UBPD inició la búsqueda humanitaria basada en archivos de la Justicia Penal Militar y otras fuentes históricas que reconstruyeron los hechos ocurridos el 15 de febrero de 1966 en Patio Cemento, zona rural de San Vicente de Chucurí, Santander. Allí murieron al menos cinco personas, entre ellas Camilo Torres, según las descripciones analizadas por los equipos técnicos.

Uno de los testimonios clave provenía de una fuente militar que, años atrás, había indicado que el cuerpo fue exhumado tiempo después del combate y trasladado al cementerio Campo Hermoso de Bucaramanga, donde habría sido depositado en una urna de color caoba. Esta información permitió orientar la intervención realizada en 2024, cuando se recuperó un cofre con características coincidentes con esa descripción.

Los análisis osteológicos adelantados entre 2025 y comienzos de 2026 profundizaron en la individualización de las estructuras óseas, encontrando correspondencias con el perfil biológico del sacerdote, así como con las lesiones documentadas en actas de levantamiento y registros notariales de su fallecimiento. Este trabajo permitió reforzar la hipótesis de identidad desde la antropología forense y la reconstrucción histórica del caso.

El componente genético resultó decisivo. Muestras enviadas a un laboratorio especializado en Estados Unidos permitieron seleccionar material con mayor contenido de ADN, que posteriormente fue analizado por el Instituto Nacional de Medicina Legal en Colombia. En enero de 2026 se estableció una coincidencia genética con el perfil del padre de Camilo Torres, con una probabilidad estadística que respaldó científicamente la identificación.

La entrega digna se realizó en la sede central de la UBPD siguiendo los protocolos de respeto, reserva y memoria establecidos para estos procesos. Para la entidad, este caso simboliza la búsqueda de más de 135.000 personas desaparecidas en el país y el esfuerzo persistente de familiares y organizaciones. El padre Javier Giraldo afirmó que el resultado no es un logro individual, sino una respuesta colectiva que honra décadas de insistencia social por la verdad.

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