La Universidad Nacional fue escenario este fin de semana de la ceremonia religiosa con la que se conmemoró el hallazgo y la entrega de los restos de Camilo Torres Restrepo. La eucaristía, realizada en la capilla del campus, marcó un momento simbólico dentro de los procesos de memoria histórica del país, al consolidar un espacio definitivo para su reposo en una institución estrechamente ligada a su vida académica.
El acto se desarrolló luego de varios ajustes en la programación inicial. Las protestas registradas durante la semana en la Universidad obligaron a modificar el cronograma previsto, lo que llevó a que el traslado de los restos se realizara finalmente el miércoles en horas de la noche, en una ceremonia discreta y con asistencia limitada, priorizando condiciones de seguridad y solemnidad.
Ese mismo miércoles, en presencia de representantes institucionales y con escasa concurrencia, los restos fueron ubicados en la urna funeraria destinada para su conservación. Este procedimiento se llevó a cabo tras la recepción oficial ante la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, entidad que lideró el proceso humanitario de localización, verificación y entrega digna, cerrando así décadas de incertidumbre sobre su paradero.
Como preparación al acto central, el viernes se realizó una vigilia en el campus universitario, espacio de recogimiento que reunió a miembros de la comunidad académica, organizaciones sociales y ciudadanos interesados en acompañar el proceso. La jornada permitió abrir un momento de reflexión colectiva en torno al significado histórico, político y espiritual de la figura de Torres dentro de las complejas memorias del conflicto colombiano.
La ceremonia principal tuvo lugar el sábado con una eucaristía solemne en la capilla universitaria, donde se efectuó la develación del osario que albergará de manera permanente los restos. El lugar dispuesto se encuentra en el costado derecho del recinto religioso, concebido como un sitio de memoria que invita a la contemplación, el análisis histórico y el diálogo intergeneracional.
El capellán de la Universidad Nacional, Campo Elías Robayo, destacó durante la celebración la importancia de que los restos reposen en este espacio, subrayando que la capilla universitaria se convierte ahora en un escenario de reflexión ética y académica sobre la historia nacional, donde fe, pensamiento crítico y memoria pueden dialogar de manera abierta con la comunidad educativa.
La eucaristía fue cooficiada por el padre jesuita Javier Giraldo, reconocido por su trayectoria en el acompañamiento a procesos sociales y de derechos humanos, quien participó también en los actos previos de ubicación de los restos. Junto a ellos, la celebración contó con la concelebración de otras vertientes de la fe católica, sumando un total de ocho sacerdotes que participaron en la jornada litúrgica.
A la ceremonia asistieron no solo integrantes de la comunidad universitaria, sino también líderes sociales, investigadores y personas que han seguido de cerca la historia del sacerdote, configurando una participación diversa que reflejó el impacto simbólico de este momento en distintos sectores de la sociedad.
Con la instalación definitiva del osario y la ceremonia abierta al público, la Universidad Nacional formalizó un lugar de memoria que trasciende lo conmemorativo para insertarse en el debate académico y ciudadano. El acto fue interpretado como un momento clave para comprender las huellas del conflicto, la dimensión simbólica de sus protagonistas y los retos de construcción de memoria en Colombia.
Fotografías tomadas por Paula D Pablos.
