Mujeres colombianas lideran un hito científico con impacto global desde la biodiversidad

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el desarrollo del azul de jagua se posiciona como uno de los hitos científicos recientes más relevantes de Colombia, al articular conocimiento, territorio e innovación productiva. Este colorante natural, obtenido del fruto de Genipa americana, ha trascendido la investigación académica para convertirse en una solución con impacto económico, social y ambiental en diversas regiones del país.


La iniciativa ha beneficiado directamente a más de 125 familias proveedoras en tres territorios, integrando ciencia aplicada, fortalecimiento productivo y enfoque de género. El proceso ha contado con el acompañamiento de Swisscontact, a través de los programas Colombia Más Competitiva y Frutos del Bosque, orientados a consolidar la cadena de ingredientes naturales bajo principios de sostenibilidad, innovación y desarrollo territorial con inclusión social.


Uno de los avances más significativos fue el fortalecimiento e internacionalización del azul de jagua, liderado por la empresa Ecoflora, con el trabajo científico de Sandra Zapata y la gestión empresarial de Paola Salazar. El acompañamiento incluyó procesos regulatorios, estructuración financiera, consolidación de la cadena de suministro con enfoque de género y estrategias comerciales que conectan la biodiversidad con mercados de alto valor agregado.


La investigación que dio origen a este colorante tiene raíces en el Chocó, territorio de origen de Sandra Zapata, quien desarrolló el proceso científico durante su tesis doctoral. El logro no se limita a un descubrimiento técnico, sino que demuestra cómo la ciencia, cuando responde a necesidades de mercado y se vincula a las comunidades, puede convertirse en un motor de ingresos sostenibles y en una puerta de entrada para la participación femenina en STEM.


Desde el punto de vista técnico, el azul de jagua se distingue por ser un colorante natural estable, capaz de resistir la luz, la temperatura y variaciones de pH, cualidades poco frecuentes en pigmentos de origen vegetal. Según sus desarrolladores, la patente se centra en el proceso científico que hace posible su uso en alimentos, y no en el conocimiento ancestral asociado al fruto, respetando así saberes tradicionales.


El respaldo regulatorio ha sido clave para su proyección global. El colorante ha sido adoptado en marcos como el Codex Alimentarius, con apoyo técnico del INVIMA, y cuenta con referentes de evaluación de seguridad en escenarios como la FDA y la EFSA, lo que facilita su ingreso a mercados con altos estándares de calidad.


Más allá del producto, el proyecto evidencia un modelo de bioeconomía donde biodiversidad, ciencia y empresa convergen. Los resultados de impacto reportan incrementos de ingresos de hasta 47 % para familias vinculadas y efectos positivos sobre cientos de personas en la cadena, mostrando que la innovación científica puede traducirse en desarrollo territorial concreto, especialmente en regiones históricamente marginadas de las dinámicas económicas formales.


Sandra Zapata, científica, y Paola Salazar, líder empresarial, representan el eje humano de este proceso. Su trabajo refleja cómo el liderazgo femenino puede conectar investigación rigurosa, visión de mercado y equidad de género. El azul de jagua se consolida así como un referente de innovación colombiana basada en el uso sostenible de la biodiversidad, con alcance internacional y profundas raíces comunitarias.

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