En medio de un panorama marcado por el aumento del estrés, la ansiedad y otros trastornos emocionales, especialistas en salud destacan el valor del contacto físico como una herramienta natural para mejorar el bienestar integral. Las caricias, más allá de su significado afectivo, activan procesos biológicos que inciden directamente en la salud mental, emocional y física, convirtiéndose en un recurso cotidiano con efectos medibles en la calidad de vida.
La neuróloga Paola Andrea Cubides explica que el tacto constituye la primera forma de comunicación del ser humano, presente desde el nacimiento mediante el contacto piel con piel. Ese vínculo inicial permite experimentar seguridad y protección antes incluso del desarrollo del lenguaje. Según la especialista, esta necesidad de contacto no desaparece con la edad, sino que evoluciona y se mantiene en gestos cotidianos como abrazos o apretones de manos.
Desde el punto de vista fisiológico, la evidencia científica demuestra que el contacto afectivo desencadena respuestas concretas en el organismo. La estimulación sensorial envía señales al cerebro que activan el sistema nervioso y favorecen la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, entre ellos la serotonina, las endorfinas y la oxitocina. Al mismo tiempo, disminuye la producción de cortisol, conocida como la hormona del estrés.
Este equilibrio químico genera sensaciones de calma, placer y seguridad, además de contribuir a una mejor regulación emocional. Investigaciones sobre estimulación sensorial, iniciadas desde comienzos del siglo XX, ya advertían que la privación del contacto afectaba el desarrollo conductual. Estudios recientes han confirmado que gestos como los abrazos reducen significativamente los niveles de estrés, especialmente en personas con aislamiento social o dificultades de interacción.
En el ámbito psicológico, el contacto físico respetuoso también ha sido analizado como apoyo terapéutico en el manejo de la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático. Los especialistas coinciden en que la cercanía humana fortalece la percepción de acompañamiento y pertenencia, factores clave para la estabilidad emocional. No reemplaza tratamientos médicos, pero sí complementa los procesos de cuidado y recuperación integral.
La psicóloga Paloma Carvajalino señala que la liberación de oxitocina favorece la sensación de apego y conexión entre las personas, mientras que las endorfinas actúan como analgésicos naturales que generan bienestar. No obstante, subraya que cualquier manifestación de contacto debe darse desde el respeto y el consentimiento, condiciones indispensables para que sus efectos sean positivos y no generen incomodidad o rechazo.
Entre los beneficios identificados por la literatura científica se encuentran la reducción de la ansiedad, el fortalecimiento de los vínculos afectivos, el refuerzo de la autoestima y una menor percepción del dolor. También se ha asociado con el fortalecimiento del sistema inmunológico y con una actitud más positiva frente a la vida, lo que evidencia su impacto tanto en la dimensión emocional como en la física.
En Colombia no existen estadísticas específicas sobre terapias basadas en el tacto, pero datos del Ministerio de Salud indican que una alta proporción de la población ha enfrentado algún problema de salud mental a lo largo de su vida. En un entorno cada vez más digitalizado, los especialistas recuerdan que gestos simples como una caricia o un abrazo pueden ser aliados silenciosos para reconstruir la conexión humana.
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Salud
