El Reinado Popular de Barranquilla volvió a demostrar que es mucho más que una celebración festiva. Este escenario, profundamente arraigado en la identidad de los barrios, se ha consolidado como una plataforma de liderazgo comunitario y reconocimiento social. Cada año, mujeres representantes de sus sectores encarnan tradiciones, luchas cotidianas y sueños colectivos, convirtiéndose en voceras de la cultura popular que sostiene el espíritu del Carnaval desde sus bases más auténticas.
En la edición de 2026, la protagonista fue Gicel Vega Castro, quien fue coronada el pasado 16 de febrero en la Plaza de la Paz como nueva Reina Popular. Su triunfo no solo representó el reconocimiento a su trabajo cultural y comunitario, sino también la materialización de un anhelo personal largamente esperado: acceder a una vivienda propia, un logro que marca un antes y un después en su proyecto de vida.
El premio fue posible gracias a una alianza entre la constructora Prodesa, la Fundación Santo Domingo y el Carnaval de Barranquilla, que decidieron convertir el reconocimiento simbólico del reinado en una oportunidad concreta de transformación social. La entrega de las llaves de un apartamento durante la coronación evidenció cómo la articulación entre sector privado, fundaciones y cultura puede traducirse en beneficios reales para quienes lideran procesos comunitarios.
Desde Prodesa, compañía con más de tres décadas de trayectoria en el desarrollo de vivienda en Colombia, se destacó que el acceso a un hogar digno es una herramienta fundamental de movilidad social. La empresa señaló que apoyar esta iniciativa dentro de una festividad tan representativa permite vincular el desarrollo urbano con la cultura ciudadana, reafirmando que la infraestructura también puede ser una forma de construir tejido social.
Por su parte, la Fundación Santo Domingo subrayó el valor de las alianzas estratégicas para generar oportunidades sostenibles. La organización resaltó que este reconocimiento no solo fortalece una tradición cultural emblemática del Caribe colombiano, sino que también promueve bienestar, estabilidad y proyección a futuro para las familias, demostrando que la inversión social adquiere mayor impacto cuando se articula con procesos culturales consolidados.
La vivienda entregada está ubicada en Brisas de San Pablo, conjunto residencial que forma parte del Megabarrio Villas de San Pablo, en el suroccidente de Barranquilla. Este desarrollo urbanístico ha sido reconocido por la Sociedad Colombiana de Arquitectos como una de las mejores propuestas de vivienda colectiva del Caribe, gracias a su diseño integral, calidad espacial y enfoque en comunidades planificadas con acceso a zonas verdes y espacios comunes.
El proyecto, además, cuenta con certificación EDGE, un estándar internacional que avala su eficiencia en el uso de energía, agua y materiales, integrando criterios de sostenibilidad ambiental a la expansión urbana. Esta característica refuerza la apuesta por modelos habitacionales que no solo resuelven necesidades inmediatas, sino que también responden a los desafíos contemporáneos de crecimiento responsable y calidad de vida en las ciudades.
Villas de San Pablo se concibe como un megabarrio con enfoque integral, donde vivienda, educación, salud, comercio, transporte y recreación convergen en un mismo entorno. Bajo el liderazgo de la Fundación Santo Domingo, este modelo busca consolidar comunidades más equitativas y conectadas. La historia de Gicel Vega Castro simboliza ese propósito: demostrar que la cultura, cuando se articula con oportunidades reales, puede abrir la puerta —literalmente— a un nuevo comienzo.
