La memoria que vuela: la historia aérea que Colombia decidió no olvidar gracias a su academia

 

En 1993, mientras el país enfrentaba transformaciones profundas y miraba hacia el futuro con incertidumbre, un grupo de oficiales, historiadores y estudiosos comprendió que también era necesario mirar hacia atrás. Así nació la Academia Colombiana de Historia Aérea “José Vicente Concha”, concebida como un espacio para preservar la memoria de la aviación nacional y evitar que décadas de desarrollo, sacrificio y conocimiento quedaran dispersas en archivos olvidados.

El nombre elegido no fue casual. José Vicente Concha, presidente de Colombia entre 1914 y 1918, representó una época en la que el país comenzaba a comprender la importancia estratégica del aire como nuevo escenario de integración territorial y proyección moderna. Honrarlo era reconocer el momento histórico en que Colombia empezó a levantar la mirada del suelo andino hacia el horizonte abierto del cielo.

La creación de la Academia estuvo impulsada, entre otros, por el Mayor Óscar Forero Racines, figura clave en los procesos de rescate patrimonial aeronáutico. Su visión entendía que la aviación no era solo tecnología o defensa, sino también cultura, memoria y nación. Bajo ese principio, la institución comenzó a reunir documentos, testimonios, fotografías y relatos que explican cómo el país aprendió a volar.

Desde entonces, la Academia ha funcionado como un centro de pensamiento histórico más que como una entidad administrativa. Sus miembros investigan campañas aéreas, reconstruyen biografías de pioneros, analizan la evolución doctrinal y estudian el impacto del transporte aéreo en la integración de regiones apartadas. Cada sesión académica se convierte en una conversación entre generaciones separadas por décadas de experiencia.

Su trabajo ha estado estrechamente vinculado al Museo Aeroespacial Colombiano y a los escenarios de formación de la Fuerza Aeroespacial, donde la historia no se exhibe como pieza estática, sino como herramienta pedagógica. Allí, el pasado dialoga con los aviadores en formación, recordándoles que cada avance técnico descansa sobre decisiones, riesgos y aprendizajes acumulados durante más de un siglo.

En un país de geografía compleja, la aviación significó mucho más que movilidad. Permitió llevar Estado donde no había caminos, conectar economías regionales, atender emergencias y reducir distancias que antes parecían insalvables. La Academia ha insistido en contar esa historia completa, no solo desde la máquina, sino desde las personas que la hicieron posible.

A lo largo de los años, su labor silenciosa ha evitado que la memoria aeronáutica se diluya en la velocidad del presente. Investigaciones, publicaciones, conmemoraciones y asesorías han construido un relato coherente sobre cómo Colombia pasó de observar los primeros aeroplanos con asombro a consolidar una capacidad aérea con impacto estratégico, científico y humanitario.

Hoy, más de tres décadas después de su creación, la Academia Colombiana de Historia Aérea “José Vicente Concha” continúa recordando que el progreso también necesita raíces. Mientras las aeronaves modernas surcan el espacio con precisión tecnológica, esta institución mantiene viva la historia que les dio origen, asegurando que el país no solo avance por el aire, sino que entienda cómo llegó hasta él.

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