La protección de la piel ha dejado de asociarse únicamente a la playa o a actividades al aire libre. En ciudades como Bogotá, las jornadas combinan traslados urbanos, permanencia en oficinas, aulas y uso prolongado de pantallas, escenarios donde la piel continúa expuesta a distintos tipos de radiación. Estudios y lineamientos internacionales coinciden en que la exposición es constante durante el día, incluso en interiores y en jornadas sin sol directo visible.
Uno de los focos de atención es la radiación UVA, vinculada con envejecimiento prematuro, manchas y daño acumulativo en la piel. En Europa, las regulaciones han fortalecido la exigencia de que los protectores solares ofrezcan una proporción mínima de protección UVA equivalente a un tercio del SPF, buscando equilibrar la defensa frente a efectos a corto y largo plazo. La radiación UVA está presente todo el año y puede atravesar nubes y superficies acristaladas.
El comportamiento del mercado también refleja esta mayor conciencia. Informes de consumo muestran un crecimiento sostenido de la categoría de protección solar en América del Sur, impulsado por la búsqueda de soluciones que se adapten a la rutina diaria. La fotoprotección se consolida así como un hábito de salud, similar al cuidado de la postura, la alimentación o el descanso, y no solo como medida estacional.
En este escenario, la industria cosmética y de cuidado personal trabaja en formulaciones más estables y seguras para uso cotidiano. Compañías como BASF impulsan herramientas de evaluación como EcoSun Pass®, que permiten analizar el impacto ambiental de los protectores solares y orientar el desarrollo de productos más responsables sin comprometer la eficacia frente a la radiación.
Especialistas del sector señalan que la vida diaria implica una exposición continua a fuentes de luz natural y artificial. Por ello, se recomienda optar por protectores solares de amplio espectro, capaces de cubrir tanto rayos UVA como UVB, y con alta fotoestabilidad, es decir, que mantengan su eficacia tras la exposición prolongada a la luz. Este aspecto es clave para quienes pasan varias horas frente a pantallas o cerca de ventanas.
La reaplicación es otro punto central. Los lineamientos internacionales sugieren renovar el producto varias veces al día para sostener la protección, especialmente en contextos de exposición constante. También se subraya la importancia de cubrir zonas que suelen olvidarse, como orejas, cuello, manos y hombros, áreas que reciben radiación directa y acumulan daño con el tiempo.
El uso de gafas con protección UV complementa estas medidas, al reducir la carga total de radiación en el contorno ocular durante actividades prolongadas. Estas prácticas forman parte de una visión integral del cuidado de la piel, que considera no solo la intensidad del sol, sino la exposición diaria acumulada en distintos entornos.
La recomendación general es integrar la fotoprotección a la rutina cotidiana, eligiendo productos acordes con el tipo de piel y las condiciones de exposición. Así como se adoptan hábitos para proteger la vista o la postura en el trabajo, la protección solar se posiciona como una medida preventiva permanente, independientemente de la temporada o de si se permanece en interiores.
