Exportaciones no mineras de Colombia superaron los US$26.388 millones en 2025 y ya son más de la mitad de las ventas externas

 

Colombia cerró 2025 con exportaciones de bienes no minero energéticos por US$26.388,9 millones, cifra que representa el 52,6 % del total vendido al mundo y confirma el mayor peso de la canasta productiva distinta a hidrocarburos y minería. El resultado implicó un crecimiento del 20 % frente a 2024. En volumen, estos envíos alcanzaron 10,5 millones de toneladas, con un aumento del 14,6 %, reflejando una mayor dinámica productiva en sectores manufactureros, agroindustriales y agropecuarios.

La canasta no minera, integrada por manufacturas, agroindustria y productos del agro, consolida su protagonismo dentro del comercio exterior. Que más de la mitad de las exportaciones provenga de estos sectores es leído como señal de diversificación productiva y mayor generación de valor agregado. Este comportamiento evidencia una estructura exportadora menos dependiente de materias primas extractivas, con un tejido empresarial que amplía su oferta hacia bienes con procesos industriales, transformación y mayor contenido tecnológico.

Dentro de este grupo, los bienes manufactureros aportaron US$11.125,4 millones, equivalentes al 42,1 % de la canasta no minera, con un crecimiento del 5,4 % frente al año anterior. Este segmento incluye productos de mayor elaboración, que conectan la industria nacional con cadenas globales. El desempeño manufacturero es clave porque combina empleo urbano, encadenamientos productivos y demanda de insumos locales, elementos que fortalecen la base industrial y aportan estabilidad al comercio exterior.

Entre los productos manufactureros que impulsaron el resultado se destacan plásticos y sus manufacturas, transformadores eléctricos, insecticidas, puertas y ventanas de aluminio, preparaciones de belleza, capilares y perfumes. Varias de estas líneas registraron crecimientos de dos dígitos, lo que muestra una oferta diversificada que va desde bienes intermedios hasta productos de consumo final. Este comportamiento sugiere una industria capaz de competir en nichos específicos y adaptarse a exigencias de calidad y regulación internacional.

La agroindustria fue otro motor relevante. Sus exportaciones sumaron US$3.965,7 millones, equivalentes al 15 % de la canasta no minera, con un incremento del 31 % frente a 2024. Aquí se ubican productos con transformación primaria que agregan valor a materias primas agrícolas. Sobresalen el aceite de palma, extractos y esencias de café, cacao y sus preparaciones, azúcar y productos de panadería, reflejando una cadena agroindustrial que integra campo, procesamiento y comercialización internacional.

El grupo agropecuario registró US$11.297,7 millones en exportaciones, es decir el 42,8 % de la canasta no minera, con un crecimiento del 34,4 %. Café, banano, flores, aguacate hass y gulupa se ubicaron entre los productos con mejor desempeño. Estos bienes, intensivos en mano de obra rural, son claves para la economía regional. Su dinamismo aporta divisas, impulsa la formalización en el campo y fortalece la presencia de Colombia como proveedor confiable de alimentos frescos y especiales.

En cuanto a destinos, Estados Unidos se mantuvo como principal socio para esta canasta, con el 31,7 % de participación y compras por US$8.359,8 millones, un 20,3 % más que en 2024. Le siguieron Ecuador, México, Brasil y Venezuela. Esta distribución muestra una combinación de mercados tradicionales y regionales. La cercanía geográfica, acuerdos comerciales y complementariedades productivas influyen en el comportamiento de estas corrientes comerciales.

Por departamentos, Antioquia, Bogotá, Valle del Cauca, Cundinamarca y Atlántico lideraron los montos exportados de bienes no mineros. Estas regiones concentran capacidades industriales, logísticas y agroindustriales, y su desempeño impacta empleo y actividad económica local. El balance de 2025 sugiere una estructura exportadora más diversificada, con múltiples territorios y sectores participando en el comercio exterior, lo que contribuye a distribuir mejor los beneficios económicos asociados a las ventas internacionales.

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