En el marco del Día Internacional de la Epilepsia, especialistas y actores del sector salud reiteran la necesidad de visibilizar esta condición neurológica crónica, que continúa representando un reto para la salud pública en Colombia. La fecha se convierte en un espacio para promover educación, diagnóstico oportuno y reducción del estigma asociado a la enfermedad.
Según estimaciones nacionales, la epilepsia presenta en Colombia una prevalencia aproximada de 8,6 casos por cada 1.000 habitantes, lo que equivale a cientos de miles de personas que viven con esta condición. Las cifras varían según región y grupo etario, pero reflejan una carga importante para el sistema de salud y para las familias afectadas.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud calcula que cerca de 50 millones de personas viven con epilepsia. El organismo señala que hasta el 70 % de los pacientes podría vivir sin convulsiones si contara con diagnóstico temprano y tratamiento adecuado, lo que subraya la relevancia de la detección oportuna y el acceso continuo a medicamentos.
En Colombia, documentos técnicos del Ministerio de Salud y Protección Social indican que el control de la epilepsia se ve afectado por demoras en el diagnóstico, escasez de especialistas en algunas regiones, barreras administrativas y disponibilidad intermitente de fármacos antiepilépticos, especialmente en zonas rurales y de difícil acceso.
Los chequeos y la valoración neurológica permiten identificar la enfermedad, caracterizar las crisis y definir el tratamiento más adecuado. El seguimiento clínico a largo plazo es clave para ajustar medicamentos, prevenir complicaciones y reducir hospitalizaciones evitables asociadas a crisis no controladas.
La falta de control de las crisis epilépticas tiene impacto directo en la calidad de vida. Puede afectar el desempeño escolar y laboral, incrementar el riesgo de lesiones y generar complicaciones graves, entre ellas la muerte súbita inesperada en epilepsia, evento poco frecuente pero reconocido en la literatura médica.
Además del componente clínico, la epilepsia continúa rodeada de mitos y desinformación que favorecen la discriminación. En contextos educativos, sociales y laborales, algunas personas optan por ocultar su diagnóstico por temor al estigma, lo que dificulta el acceso a apoyos y servicios de salud adecuados.
La conmemoración del Día Internacional de la Epilepsia se presenta como oportunidad para fortalecer la detección temprana, garantizar suministro continuo de medicamentos y promover campañas de información que contribuyan a una sociedad mejor informada e incluyente, donde las personas con epilepsia puedan vivir con mayor bienestar y sin barreras derivadas de la desinformación.
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Salud
