Abrir la nevera y encontrar envases dispersos, frutas aplastadas o restos de comida olvidados no solo genera incomodidad, también puede convertirse en un problema de salud y un golpe al presupuesto familiar. Lo mismo ocurre en alacenas donde se acumulan productos vencidos, duplicados o mal ubicados. La falta de orden favorece la contaminación cruzada, acelera el deterioro de los alimentos y aumenta el desperdicio, afectando tanto la seguridad alimentaria como la economía del hogar.
La nevera es uno de los puntos más sensibles de la cocina, porque allí se conservan productos frescos que requieren condiciones controladas. Cuando no existe organización, los alimentos se mezclan sin criterio, se pierden de vista y terminan dañados. Además, bacterias y hongos pueden pasar de un producto a otro, comprometiendo la inocuidad. Un almacenamiento adecuado ayuda a prevenir intoxicaciones, conservar mejor los alimentos y optimizar incluso el consumo de energía del electrodoméstico.
Las recomendaciones del Food Safety and Inspection Service (FSIS) y de la Food and Drug Administration (FDA)coinciden en que la organización influye directamente en la seguridad de los alimentos. Refrigerar a tiempo, respetar fechas de consumo y mantener temperaturas estables puede marcar la diferencia entre aprovechar un producto o desecharlo antes de lo previsto, reduciendo el desperdicio doméstico y protegiendo la salud.
Un principio básico es clasificar los alimentos. Las carnes, el pescado y el pollo deben ubicarse en la parte inferior de la nevera para evitar que sus jugos contaminen otros productos. Lácteos y bebidas pueden ir en estantes superiores, mientras que frutas y verduras se conservan mejor en los cajones diseñados para ellas. Este orden no solo facilita el acceso, también disminuye riesgos sanitarios y prolonga la vida útil de los alimentos.
El uso de envases adecuados también es clave. Recipientes resellables ayudan a conservar mejor los productos y a evitar la transferencia de olores. En el caso de bebidas como la leche, envases como los de Tetra Pak contribuyen a proteger el contenido y facilitar la organización. Además, revisar fechas de vencimiento y rotar productos evita que alimentos olvidados terminen en la basura.
Otro aspecto determinante es la temperatura. Sobrecargar la nevera dificulta la circulación del aire frío, lo que afecta la conservación y eleva el consumo de energía. Mantener el equipo entre 1 °C y 4 °C ayuda a garantizar seguridad alimentaria. Tecnologías como el procesamiento aséptico y el tratamiento UHT permiten que ciertos productos se conserven por más tiempo antes de abrirse, siempre que se almacenen correctamente.
La organización no termina en el refrigerador. En la alacena, las guías de la FDA y el FSIS recomiendan guardar los alimentos en lugares frescos, secos y lejos de la luz directa. Aplicar la regla de “primero en entrar, primero en salir” ayuda a evitar vencimientos. Agrupar por categorías —granos, enlatados, aceites o condimentos— facilita el control y reduce el desperdicio, especialmente en compras de mayor volumen.
En hogares que adquieren alimentos para periodos largos, planificar el almacenamiento es aún más importante. Revisar periódicamente la despensa, mantener visibles los productos y usar envases que protejan frente a luz, oxígeno y microorganismos ayuda a conservar la calidad. Unos minutos de organización pueden prevenir enfermedades, reducir pérdidas y hacer que la cocina funcione de forma más eficiente y segura.
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Salud
