Colombia redefine la industria global de las flores con sostenibilidad y valor agregado

 

Colombia consolida su papel estratégico en el mercado mundial de flores, no solo como productor, sino como referente en sostenibilidad, diseño y valor agregado. La floricultura nacional evoluciona para responder a un consumidor global más consciente, combinando innovación ambiental, diferenciación de producto y estrategias de marca país que fortalecen su posicionamiento en un sector altamente internacionalizado y dependiente de la logística eficiente.

El estudio “El Valor Estratégico de la Inutilidad Útil: Analizando el Futuro de la Industria Floral (2025-2030)” de OBS Business School sitúa el mercado global de flor cortada entre 31.000 y 39.000 millones de dólares. En este contexto, Colombia ocupa el segundo lugar mundial en exportaciones, con 1.700 millones de dólares, superando a otros productores latinoamericanos y africanos, lo que confirma su peso estructural dentro de esta industria.

La floricultura también es un motor laboral relevante. En el país genera alrededor de 240.000 empleos formales, consolidándose como uno de los segmentos agrícolas más intensivos en mano de obra. Este impacto social refuerza su importancia en la economía rural y en la estabilidad de múltiples territorios vinculados a la producción y exportación de flores.

No obstante, el informe advierte que el crecimiento del negocio no siempre se traduce en mejores márgenes para toda la cadena. El desafío actual no es producir más, sino capturar mayor valor frente a presiones logísticas, regulatorias y cambios en el consumo. La naturaleza perecedera del producto exige cadenas de frío y transporte rápido que elevan la complejidad operativa.

En el segmento premium, Colombia ha marcado diferencia con la rosa de altura, cultivada a más de 2.500 metros, reconocida por tamaño, color y durabilidad. Asimismo, el clavel colombiano se ha reposicionado mediante diseño y calidad, ampliando sus usos y su presencia en Europa. La competencia se traslada del volumen hacia la narrativa, el diseño y la integridad del producto.

La sostenibilidad y la trazabilidad son pilares de esta transformación. Certificaciones como Florverde Sustainable Flowers respaldan prácticas ambientales y laborales responsables, promoviendo controles biológicos y reducción de pesticidas. Este enfoque alinea la producción con la demanda de consumidores que valoran la transparencia y el impacto social de lo que adquieren.

Colombia también ha innovado en el modelo de exportación, destacándose por el envío de ramos terminados, diseñados en origen. Esta estrategia optimiza tiempos y costos, permitiendo que las flores lleguen al consumidor final con mayor eficiencia. Iniciativas de marca país refuerzan la asociación entre flores colombianas, diversidad y sostenibilidad.

Los cambios en el consumo refuerzan esta evolución. La flor deja de ser un lujo ocasional y se integra al autocuidado cotidiano en ciudades europeas y norteamericanas. Este fenómeno amplía el mercado y redefine el significado cultural del producto. Así, Colombia emerge como un actor que no solo abastece, sino que influye en la dirección estratégica de la industria floral global.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente